miércoles, 21 de noviembre de 2018

LOS EVANGÉLICOS FRENTE A LA MUERTE




En 1991 encontre un libro raro. Había sido escrito por ese gran obrero cristiano que fue Samuel Vila y publicado por Editorial Clie de España en 1990. Se titulaba "Vida después de la Muerte" y trataba precisamente, de uno de los misterios insondables: la perdurabilidad de la vida luego del fallecimiento y la resurrección de la carne además de otros temas. Lo leí varias veces porque algunos temas eran bastante fuera de lo común. Con el paso de los años y observando como mi propia vida transita a paso firme hacia el gran salto, ha renacido mi interés por la vida del cristiano posterior a la partida definitiva. Sin duda, como creyente, de ninguna manera ignoro que tengo vida eterna pero, saber un poco más sobre lo que dice la Biblia acerca de lo que vulgarmente llamamos "más allá",  al menos para mi,  es un tema convocante. A continuación, un completo estudio sobre este asunto escrito por uno de los filósofos más relevante del protestantismo mundial.


¿Qué Pasa Cuando Morimos?

© William Lane Craig
El artículo del Dr. Craig ha sido extraído de su website personal
Para acceder, click AQUÍ

En este sermón, Dr. Craig utiliza los informes de las experiencias de casi/después de la muerte para explicar la perspectiva cristiana del estado inmediato del alma después de la muerte y las implicaciones que existen para la verificación de esas experiencias.

Dr. Craig habló sobre el cielo en la Iglesia Bautista Ventura en Ventura, California, el 28 de agosto de 2011.
Recientemente ha habido una serie de libros escritos por personas o sobre personas que han muerto o estado muy cerca de la muerte, y que afirman haber ido al cielo y luego regresaron - por ejemplo, libros como "90 Minutos en el Cielo" o "El Cielo es Real". Estos libros se han convertido en bestsellers arrolladores entre la comunidad cristiana. En estos libros, estas personas afirman no sólo haber ido al cielo, sino incluso de haber visto y conversado con seres queridos y amigos, con miembros de la familia que han muerto y se han ido antes. De hecho, algunos de ellos afirman haber conocido y, realmente, conversado con Jesús mientras estaban en el cielo. Por desgracia, desde su punto de vista, fueron enviados de nuevo a la Tierra; y ellos, muy renuentemente, regresaron a esta vida desde el cielo.

Bueno, obviamente, libros de esta naturaleza han despertado un gran interés en la iglesia cristiana. Anhelamos el cielo y, naturalmente, tenemos curiosidad acerca de cómo va ser todo allí. Esos libros se han hecho muy populares. Sin embargo, me temo que, al mismo tiempo, ellos se podrían convertir en una fuente de malentendidos. Me temo que la gente pueda comenzar a basar sus visiones de la vida después de la muerte y del cielo en estas experiencias de estar cercano a la muerte y no en lo que la Biblia enseña acerca de la vida después de la muerte.
Creo que eso sería peligroso por dos razones. En primer lugar, a menudo esas experiencias son incompatibles entre sí. Son contradictorias y, por lo tanto, sabemos que no todas pueden ser genuinas en todos los aspectos. Eso significa que algunas de esas experiencias no son auténticas y la dificultad es: ¿cómo sabes cuáles son reales y cuáles son falsas? La experiencia de una persona es tan real como la de la siguiente persona, así que ¿cómo juzgas que la experiencia del cielo de alguien es la que es realmente auténtica?

En segundo lugar (y aún más importante), la Biblia es nuestro recurso autoritario, otorgado por Dios para la doctrina cristiana, incluyendo la doctrina sobre la vida después de la muerte y el cielo. Para una enseñanza autoritaria de Dios sobre cómo es la vida después de la muerte, necesitamos recurrir a la Biblia y no sólo a las experiencias cercanas a la muerte. Esta mañana quiero abrir las Escrituras con ustedes, por lo que ustedes necesitan tener su Nuevo Testamento a mano, porque vamos a estar mirando un número de diferentes pasajes mientras exploramos este tema.
La primera y más fundamental verdad a la que hay que aferrarse es que la esperanza bíblica de la inmortalidad es la resurrección física, corporal. Repito: La esperanza bíblica para la inmortalidad es la resurrección física, corporal. La esperanza bíblica no es que el alma algún día se separará del cuerpo y volará al cielo y estará [para] siempre con Dios en el cielo en esta existencia incorpórea. Eso es, en realidad, una comprensión muy griega de la vida después da la muerte que proviene de los filósofos griegos como Platón y es muy diferente a la forma judía- hebrea de pensar sobre la vida después de la muerte. Para los judíos y para los primeros cristianos por igual, la esperanza de la inmortalidad no era la inmortalidad del alma sola, sino la resurrección del cuerpo. Este cuerpo físico será resucitado de entre los muertos y transformado para la vida inmortal.

La resurrección de Cristo es nuestro modelo aquí. Vayamos a 1 Corintios 15:20. En 1 Corintios 15:20 Pablo explica que nuestra resurrección se basará en el modelo de la resurrección del mismo Jesús. En 1 Corintios 15:20 Pablo dice: "Mas ahora Cristo ha resucitado de entre los muertos, primicias de los que durmieron". La idea de "primicias" quiere decir que es una muestra representativa de la cosecha que vendría. Los adoradores judíos ofrecían las primicias de su cosecha a Dios como un sacrificio en el templo. Aquí se dice que Cristo es la primicia de la resurrección general de los muertos, la cual con el tiempo tendrá lugar; pero Su resurrección ya tuvo lugar por adelantado como un precursor y un presagio de nuestra futura resurrección, para que la resurrección de nuestros cuerpos sea modelada o siga el patrón de la de Cristo.

Pablo dice algo similar en Filipenses 3. Vayamos a Filipenses 3:20-21. Allí Pablo dice: "Porque nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también ansiosamente esperamos a un Salvador, el Señor Jesucristo, el cual transformará el cuerpo de nuestro estado de humillación en conformidad al cuerpo de su gloria, por el ejercicio del poder que tiene aún para sujetar todas las cosas a sí mismo". Pablo dice que este cuerpo de la humillación, deteriorado, se transformará y conformará a la imagen del cuerpo de la resurrección gloriosa de Cristo que Él tenía cuando dejó la tumba vacía y salió victorioso sobre la muerte. La esperanza bíblica de la inmortalidad toma la forma de resurrección física y corporal de entre los muertos.

Ahora eso plantea la siguiente pregunta: ¿Cuándo recibimos nuestros cuerpos de resurrección? ¿Cuándo obtenemos nuestro cuerpo de resurrección? ¿Sucede eso inmediatamente después de la muerte? Cuando morimos, ¿recibimos de inmediato nuestro cuerpo de resurrección? Bueno, la respuesta a eso es, no. Esa idea no toma en serio la naturaleza física de la resurrección. El cuerpo de resurrección no es algún cuerpo diferente. Es este cuerpo [que ahora poseemos] transformado en una forma gloriosa, inmortal, llena del Espíritu e incorruptible. Así que, si recibiéramos nuestro cuerpo de resurrección inmediatamente después de la muerte, ¡las tumbas de todos los cristianos estarían vacías! No habría cadáveres en los sepulcros porque nuestros cuerpos de resurrección son la transformación de este cuerpo terrenal. Por lo tanto, la resurrección no tiene lugar inmediatamente después de la muerte. Más bien, las Escrituras son muy claras de que eso sucede en la segunda venida de Cristo, cuando Cristo regrese a la tierra.

Miremos 1 Corintios 15: 21-23 y 51-52. En el versículo 21 Pablo dice: "Porque por un hombre vino la muerte, por un hombre también ha venido la resurrección de los muertos. Porque, así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden, Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en Su venida". La resurrección de Cristo ha tenido lugar primero, como las primicias; nuestra resurrección tendrá lugar cuando Él venga otra vez. Luego, en los versículos 51-52 Pablo dice: "He aquí, ¡les digo un misterio! No todos dormiremos, pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, en la trompeta final. Porque tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados".
La descripción más completa de Pablo de esta transformación, la cual tendrá lugar en la segunda venida de Cristo se encuentra en su primera carta a la iglesia en Tesalónica. Miremos 1 Tesalonicenses 4:13-17. Pablo dice:
Hermanos, no queremos que ignoren lo que va a pasar con los que ya han muerto, para que no se entristezcan como esos otros que no tienen esperanza. ¿Acaso no creemos que Jesús murió y resucitó? Así también Dios resucitará con Jesús a los que han muerto en unión con él. Conforme a lo dicho por el Señor, afirmamos que nosotros, los que estemos vivos y hayamos quedado hasta la venida del Señor, de ninguna manera nos adelantaremos a los que hayan muerto. El Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego los que estemos vivos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados junto con ellos en las nubes para encontrarnos con el Señor en el aire. Y así estaremos con el Señor para siempre.

Pablo dice que en la segunda venida de Cristo, los muertos en Cristo resucitarán primero, luego los que todavía estén vivos en ese momento serán transformados en sus cuerpos de resurrección y nosotros nos iremos para estar siempre con el Señor. No recibimos nuestros cuerpos de resurrección hasta la segunda venida de Cristo.

Ahora bien, esto ocasiona que se haga otra pregunta: ¿Qué pasa con nosotros entre nuestra muerte y nuestra resurrección? Entre el momento en que morimos y el tiempo que Cristo venga de nuevo, ¿Qué pasa con nosotros entonces? ¿Simplemente nos extinguimos? ¿Dejamos de existir cuando morimos y luego en la resurrección Dios nos recrea de nuevo? ¿Él nos trae de vuelta a la vida después de haber estado inexistente durante un período de tiempo? ¿O continuamos existiendo después de la muerte, pero quizás en un estado inconsciente de una manera que, por así decirlo, morimos, dormimos y luego cuando despertamos, estamos en el cielo con nuestro cuerpo de resurrección, y ni siquiera estamos conscientes de que todo ese tiempo transcurrió en el medio?
Bueno, yo no creo que ninguna de esas respuestas sea la correcta. Más bien, lo que la Biblia indica es que el alma sobrevive a la muerte del cuerpo. La muerte humana no significa la extinción. La muerte humana es simplemente la separación del alma del cuerpo. Mientras que el cuerpo muere y se descompone biológicamente, el alma sigue existiendo y sigue viviendo en un estado incorpóreo. Entre nuestra muerte y resurrección existiremos como un alma incorpórea, un alma sin cuerpo, en un estado consciente.
En 2 Corintios 5:1-8 Pablo habla de eso en detalle. Pablo dice: "Porque sabemos que si la tienda terrenal que es nuestra morada" - refiriéndose a nuestro cuerpo presente; este cuerpo es temporal; es como una tienda de campaña que se hiere y colapsa fácilmente -- "porque sabemos que, si la tienda terrenal que es nuestra morada, es destruida, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha por manos, eterna en los cielos". Ese sería el cuerpo de resurrección que será la casa permanente del alma. "Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial, pues así seremos hallados vestidos y no desnudos. Asimismo, los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia, pues no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida".
Pablo está diciendo aquí, no es que queramos que nuestro cuerpo necesite ser despojado para que exista nuestra alma en lo que él llama un estado de desnudez, sin ninguna casa—este estado intermedio del alma sin cuerpo es como un estado de desnudez, donde el alma existe en un estado incorpóreo. Pablo dice, no es que queramos eso. Pero él dice, pues quisiéramos ser revestidos con nuestra casa, nuestro cuerpo de resurrección. Él dice: "Deseando ser revestidos". La palabra en el griego aquí tiene la connotación de ponerse algo encima de la ropa, como ponerse un suéter sobre la camisa, de modo que uno no tiene que desnudarse primero. Uno no tiene que pasar por el estado de desnudez. Lo que él está diciendo aquí es que, si él pudiera elegir, preferiría vivir hasta la segunda venida de Cristo, por lo que no tendría que pasar por ese estado intermedio de la desnudez del ser incorpóreo. Él preferiría ser revestido inmediatamente con el cuerpo de la resurrección, como los que estarán vivos en el momento del regreso de Cristo, sin tener pasar por el estado de desnudez.

Luego dice en el versículo 5: "Y el que nos preparó para esto mismo es Dios, quien nos dio el Espíritu como garantía. Estamos animados siempre y sabiendo que mientras habitamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor porque por fe andamos, no por vista, pero cobramos ánimo y preferimos más bien estar ausentes del cuerpo y habitar con el Señor". Pablo todavía hace sonar una nota de alegría aquí, a pesar de que no quiere pasar por ese estado incorpóreo de la desnudez. Él reconoce que ausentarse del cuerpo es estar presente con el Señor. Él dice que estamos de buen ánimo y que a pesar de que quisiéramos no pasar por ese estado incorpóreo, aun así, ese estado nos va a acercar más a Cristo, y yo preferiría estar presente con el Señor y ausente del cuerpo, si es así que debe ser.
De hecho, en Filipenses 1:21-24, Pablo explica que cuando uno muera, eso implicará una relación más cercana e íntima con Cristo. Pablo—contemplando aquí su posible martirio—dice: "Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia". ¡En realidad morir es una ganancia! "Pero si el vivir en la carne resulta para mí en beneficio de la obra, no sé entonces qué escoger: De ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor; pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros". Pablo no sabe si quiere ser mártir o no. Él dice que permanecer en la carne, en el cuerpo, es más necesario por causa de los filipenses. Él quiere ministrarles a ellos. Eso significa un ministerio fructífero. Pero, él dice que partir para estar ausente del cuerpo y presente con el Señor es mucho mejor y ese es el deseo de su corazón: partir y estar con Cristo. Para el creyente, lo que nos espera cuando muramos es este estado incorpóreo intermedio de la existencia, el cual nos llevará a una comunión más íntima con Cristo, y esperaremos en ese estado nuestra eventual resurrección, la cual ocurrirá cuando Cristo vuelva.

Ahora, ustedes pudieran preguntar, "¿Qué pasa con los no creyentes, con las personas que no conocen a Cristo? ¿Qué les pasa ellos?" Bueno, Pablo no aborda esto en ningún lugar de sus cartas. Él está escribiendo cartas a las iglesias cristianas, por lo tanto, está hablando con ellos acerca de lo que sucederá con los cristianos. Es interesante que el mismo Jesús le hizo frente a este problema.
En Juan 5 hay un pasaje muy interesante donde Jesús habla acerca de la resurrección y Él dice que habrá una resurrección no sólo de los justos que han muertos, sino incluso también de los muertos injustos. Juan 5: 28-29. Miremos este dicho de Jesús: "No se maravillen de esto. Viene la hora en que todos los que están en los sepulcros oirán Su voz y saldrán, los que han hecho el bien para una resurrección de vida y los que hicieron lo malo, a la resurrección de la condenación". Jesús prevé que todas las personas serán resucitadas de entre los muertos. Los que son creyentes, los muertos justos, serán resucitados a la resurrección de vida; pero los muertos injustos, los que han rechazado la gracia de Dios y Su amor, serán resucitados para la resurrección de la condenación. Ellos van a aparecer ante el tribunal de Dios, y entonces Dios pronunciará juicio sobre ellos. Después que hayan recibido su juicio, es entonces cuando vamos al cielo o al infierno.
Pasamos por este estado intermedio hasta la resurrección. Luego aparecemos ante el tribunal de Dios. Después de esto, los creyentes entran al cielo, y los no creyentes son arrojados al infierno. En el estado intermedio, los no creyentes ya están en un estado consciente de tormento llamado Hades. Veamos Lucas 16:19-26. Esta es la parábola de Jesús de Lázaro y el hombre rico. Jesús dijo:
Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas. Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. En el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Entonces, gritando, dijo: “Padre Abraham, ten misericordia de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama.” Pero Abraham le dijo: “Hijo, acuérdate de que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado. Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quieran pasar de aquí a vosotros no pueden, ni de allá pasar acá”.

Aquí Jesús se imagina a Lázaro en el paraíso, en el seno de Abraham, donde esperará la resurrección final, y el hombre rico en el Hades. Ahora bien, Hades es la palabra griega que en el hebreo se utiliza para Seol. En el Antiguo Testamento, el Seol es la esfera de los muertos. Ese es el bajo mundo de los espíritus difuntos. La palabra griega para esto es Hades. Esta es una palabra diferente al infierno. Este hombre rico no está en el infierno; él está en el Hades—el estado intermedio que precede a la resurrección final.

Cuando la gente muere, los justos van a estar con Cristo, donde van a esperar su resurrección de entre los muertos. Los condenados van al Hades, donde se encuentran en un estado incorpóreo y donde esperan su resurrección al juicio final. Sólo entonces las personas son dirigidas hacia su estado final, el cual es el cielo o el infierno.

Ahora bien, ¡esto tiene algunas implicaciones muy interesantes! Lo que esto significa es que estas personas que reportan estas experiencias cercanas a la muerte, en las que ven a los seres queridos y familiares que han fallecido, no están realmente viendo a estas personas en el cielo. No están viendo literalmente a esas personas. ¿Por qué? Porque esos muertos aún no están resucitados de entre los muertos. Están en el estado intermedio. Ellos están en el estado incorpóreo de existencia. No pueden estar viendo esas personas en el cielo en sus cuerpos resucitados. ¡Eso todavía no ha ocurrido!

En el peor de los casos, eso parece implicar que lo que esas personas están experimentando son o alucinaciones o tal vez, estados oníricos. Uno puede tener un sueño, por ejemplo, de ir al cielo y ver a Jesús y a sus seres queridos fallecidos. Estas experiencias no serían realmente verdaderas ni auténticas. Ese es el peor de los casos.
Por otro lado, creo que hay una interpretación más comprensiva de estas experiencias. Pudiera ser que esas experiencias son visiones de sus seres queridos y de Jesús. Una visión es una especie de proyección mental de algo que la mente pone ahí. En el Antiguo Testamento, tenemos muchos casos de personas donde se les causa tener visiones de Dios o visiones de otras personas y de cosas. Esas personas no están literalmente viéndolas. No hay fotones rebotando de los objetos, entrando en sus ojos e impactando en su nervio óptico.

Literalmente, no están realmente viendo estas cosas, sino más bien que sus mentes proyectan una especie de imagen mental de esas cosas. Aunque Dios no tiene cuerpo - Dios es un Espíritu – en ocasiones las personas del Antiguo Testamento tenían visiones de Dios en una especie de forma corporal. Tal vez Dios ha constituido que el alma durante este estado incorpóreo intermedio proyecte imágenes corporales de otras personas incorpóreas, así como de uno mismo, para que parezca a estas almas incorpóreas como si estuvieran en un mundo poblado por otras personas con cuerpos. Esas personas en esta existencia incorpórea pueden vivir en una especie de realidad virtual, en la cual les parece como si estuvieran juntos con otras personas físicas, cuando en realidad son simplemente almas incorpóreas. Pero están proyectando imágenes corporales de sí mismos y de otros, de modo que puedan reconocerse entre sí y tener interacción los unos con los otros.

En este caso lo que esas personas están experimentando son visiones, por así decirlo, de las personas que están realmente incorpóreas. Esto explicaría muy bien, creo yo, algunas de las rarezas de estas experiencias cercanas a la muerte. Por ejemplo, en el libro "El Cielo es Real", el niño Colton ve a su hermana menor (que ya falleció) como una niña de 2 años de edad. Pero su hermana no tenía dos años cuando murió. Su madre sufrió un aborto y esta hermana pequeña nunca nació. Él la ve en su experiencia cercana a la muerte como una niña de 2 años de edad. Ahora bien, ¿por qué la vería como una niña de dos años de edad? No es como si ella hubiera tenido dos años para crecer en este estado incorpóreo. ¿Por qué no tiene ella 8 años o es ya un adulto? ¿Por qué dos años de edad? Bueno, creo que es plausible decir que esta es la forma en la que él proyecta una imagen de ella, es decir, como una niña de 2 años de edad, cuando en realidad ella es un alma incorpórea.

¡Él también ve a la gente en el cielo como si tuvieran alas! En su experiencia, las personas tienen alas como ángeles. Bueno, no hay nada en la Biblia que diga que las personas tienen alas en el cielo. Nuestros cuerpos resucitados serán como el de Cristo y Él no tenía alas. Creo que es difícil resistirse a la tentación de pensar que eso es sólo una proyección de la mente sobre la base de las imágenes populares de la gente en el cielo, donde uno va y recibe sus alas - es una clase de imagen cultural del cielo. No es decir que sus experiencias no sean auténticas, sino más bien que se tratan de visiones que él tiene de otras personas en el estado intermedio y quizás incluso del mismo Cristo.
Bueno, permítanme resumir lo que hemos visto antes de extraer algunas aplicaciones. Cuando una persona muere, su cuerpo yace en la tumba hasta que Cristo regrese. Las almas de los que pertenecen a Cristo se acercan a tener una comunión más íntima y más estrecha con Él en este estado incorpóreo. Realmente no sabemos cómo va a ser esta existencia incorpórea. Es posible que las almas en este estado incorpóreo proyecten imágenes mentales de unos a otros y de sí mismas como corporales, de manera que puedan relacionarse entre sí.
 Las almas de los no creyentes, por el contrario, entran en un estado de tormento consciente y de separación de Dios que se llama Hades. Cuando Cristo vuelva, Él traerá con él las almas de los creyentes que han muerto y luego sus restos resucitarán de entre los muertos y serán transformados en cuerpos de resurrección gloriosos, poderosos, y sus almas serán reunidas con sus cuerpos. Después de comparecer ante el tribunal de Cristo para recibir recompensas, luego serán llevados a los cielos nuevos y a la nueva tierra. Los no creyentes también serán resucitados de entre los muertos y reunidos con sus cuerpos y luego después de ser juzgado por Dios, ellos serán arrojados al infierno.
Bueno, ¿qué aplicación tiene esto para nosotros hoy? Permítanme mencionar brevemente tres cosas.
En primer lugar, esto significa que la muerte no es el final. La muerte no es la extinción. Nuestra alma se separará de nuestro cuerpo, pero no dejará de existir. Vamos a vivir para siempre, ya sea con Cristo o sin él. Lo que esto significa es que las vidas que vivimos ahora están imbuidas de significado eterno. Tenemos el privilegio increíble de determinar donde pasaremos la eternidad. Por lo tanto, las cosas que hacemos ahora en esta vida tienen un enorme y eterno significado porque vamos a vivir para siempre y esas consecuencias nunca terminarán.

En segundo lugar, esto también significa que este estado intermedio nos traerá más cercano al Señor Jesucristo. En este estado intermedio, experimentaremos una comunión más íntima y personal con Cristo y, por lo tanto, esto es algo que podemos anticipar. Sea lo que sea que pensemos de esas experiencias cercanas a la muerte, creo que podemos decir que lo que hacen es enseñarnos una cosa y eso es: ¡que la muerte es una experiencia muy agradable! Todas esas personas reportan que morir es casi exultante y que están renuentes a regresar. Por lo tanto, no necesitamos tenerle temor a la muerte. Morir es aparentemente algo que realmente vamos a disfrutar y luego seremos llevados a una comunión íntima con Cristo. No hay necesidad de temer.

Por último, en tercer lugar, la resurrección traerá una sanidad física y emocional completa. En la resurrección seremos liberados de cada discapacidad, de toda dolencia, de toda enfermedad desde nuestra lesión en la espalda hasta la paraplejia o la esclerosis múltiple. Todo esto va a desaparecer y tendremos cuerpos de resurrección gloriosos, poderosos e inmortales. Esto traerá no sólo una sanidad física, sino también una sanidad emocional completa. Nuestras almas son disfuncionales. Están fracturadas. Todos nosotros cargamos con las cicatrices emocionales de nuestro pasado. En la resurrección, seremos completamente liberados de todas estas neurosis y complejas cicatrices emocionales para convertirnos en personas transformadas, transparentes y amorosas, viviendo en armonía unos con otros y con el Señor Jesucristo. ¡Una sanidad física y emocional completa será la nuestra! ¡Qué esperanza y perspectiva!

La muerte no es el final. Nuestras vidas son tremenda y eternamente significativas. Este estado intermedio nos llevará más cerca de Cristo. No necesitamos temerlo. Y al final, la resurrección es nuestra esperanza para una sanidad física y emocional completa. ¡Alabado sea Dios!
© William Lane Craig
Traducido por:
Traductores:
Pedro R. García [www.nativotranslations.com].
F. Lora
Revisado y Editado por: El Equipo de Traducción de Reasonable Faith [Reasonable Faith Translation Team]


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