sábado, 31 de diciembre de 2016

DECEPCIÓN




VIVIR CON LA FE MALTRATADA

Por
Marc Pesaresi


-Marc, Dios no trata a todos de igual modo. 
Por ejemplo, no trató a Pedro del mismo modo que a Juan. 
Tampoco fue igualitario su tratamiento con Pablo, Santiago y Esteban. 
Dios trata con cada uno de nosotros, de modos diferentes.

Paulo Arieu "El Teologillo"



¡Señor! 
¡Voy a quejarme hasta que mi garganta quede muda!
Y nada ni nadie  impedirá mi reclamo
¿Por qué?
Porque tengo un dolor tan grande, pero tan grande, 
que me hundo en la tierra.
Estoy harto de sufrir, cansado de la aflicción
Me da asco vivir así, como vivo
y repugna mi conciencia tanta maldad
Todos dicen:-Deja la carga a los pies de Cristo. 
Yo pregunto:-¿cómo se hace eso?
Todos hablan de lo que debo hacer
pero quien siente la angustia partiéndome el pecho soy yo.
¿Adónde está Dios cuando más lo necesito?

¡Sé mi Padre amoroso!
dame un abrazo
que me haga sentir tu amor
es todo lo que te pido
de rodillas y por favor


La decepción es un sentimiento de insatisfacción que surge cuando no se cumplen las expectativas sobre un deseo o una persona. Se forma en unir dos emociones primarias, la sorpresa y la pena. La decepción, si perdura, es un desencadenante para la frustración y más adelante, la depresión.1 La decepción es una fuente de estrés psicológico que puede conducir a perder la fe.




»Antes, cuando yo llamaba a Dios,
él siempre me respondía;
en cambio, ahora,
hasta mis amigos se burlan de mí;
no soy culpable de nada,
pero todos se burlan de mí.
¡Qué fácil es criticar al que sufre,
cuando no se tienen problemas!
Los ladrones creen
que ya dominaron a Dios,
y por eso viven tranquilos.
Job 12: 4-6
(Traducción al lenguaje actual)

 
¿No sientes a veces que a Dios se le va la mano con permitir pruebas en tu vida? 

Años de una prueba tras otra,  donde las pérdidas se acumulan como pesadas cargas, sobre nuestros sentimientos, maltratan nuestra fe. En estas circunstancias, los cristianos reaccionan de diversas maneras: una hermanita salvadoreña que soporta pruebas muy duras,  en el dolor, hace silencio, llora y espera en Dios. 

Otros, sanguíneos, temperamentales, elevan amargas quejas a Dios y poco les importa que alguien le recuerde que el poder de Dios se perfecciona en la debilidad. Yo soy de estos últimos.

Me deprime el mal y me saca de la armonía que tengo con mi Creador. Muchas veces me encuentro discutiendo neciamente con él por causa de la maldad y también, por culpa de mis propias debilidades e imperfecciones. 

Pero ¿por qué tantas pruebas, dolores, angustias si somos Hijos de Dios? (En este breve artículo no trataremos el tema del mal, que ya ha sido abordado en otros posts. Hablaremos sobre si esta mal o bien quejarse por el dolor que nos agobia el cuerpo y el alma).


¿Está mal quejarse delante de Dios? 

La queja es angustia (me refiero a los que con causa se quejan) y pienso que no es delito ir delante de Dios y derramarse en lo que uno considera que soporta una injusticia. (Muchos dicen que Dios premia la aflicción en silencio, que todas las cosas para los que aman a Dios ayudan a bien (Romanos 8:28) y que, en el dolor hay que callarse y ya. Esta bien: pero no todos pueden soportar las pruebas sin abrir válvulas para liberar tensión). La Biblia enseña que, durante las pruebas, debemos sentirnos gozosos. (Santiago 1:2-4). Debo ser honesto al respecto: nunca he visto a nadie declararse con gozo porque esta sufriendo. Dice el salmista:


Delante de él expondré mi queja;
Delante de él manifestaré mi angustia.
Cuando mi espíritu se angustiaba dentro de mí, tú conociste mi senda.
En el camino en que andaba, me escondieron lazo.
Mira a mi diestra y observa, pues no hay quien me quiera conocer;
No tengo refugio, no hay quien cuide de mi vida.
Clamé a ti, oh Jehová;
Dije: Tú eres mi esperanza,
Y mi porción en la tierra de los vivientes.
Escucha mi clamor, porque estoy muy afligido.
Líbrame de los que me persiguen, porque son más fuertes que yo.
Saca mi alma de la cárcel, para que alabe tu nombre;
Me rodearán los justos,
Porque tú me serás propicio
Reina Valera 1960

El salmo es claro: se puede exponer la queja porque así lo quiere Dios. Sin embargo cuidado; la Palabra deja claro que esta queja no debe ser motivo de alejarse de Dios sino, por el contrario, obrar en sentido positivo: quejarse esta muy bien pero hay que seguir insistiendo en acercarnos más a Dios aunque todo lo que nos suceda grite "Dios no existe" o "Dios es injusto" o "Dios es cruel al permitir esto". Dios demanda que, en la prueba; cualquiera sea esta; nuestro deber es acercarnos más a su presencia así tengamos que arrastrarnos de tanta pena. 

Existe personas quiénes, frente al dolor, renegaron de Dios y se fueron al ateísmo o bien, a servir al enemigo en el lado oscuro de la vida. Cuando sufrimos, el único refugio para consolarnos, es bajo la sombra del Omnipotente. (Deuteronomio 33:27).

En lo personal,  me ha sucedido una prueba terrible hace unos meses y aún padezco las consecuencias de tanto dolor. ¿Qué haré? Toda mi carne; sentimientos, pensamientos, etc.,; declaraban que era una injusticia lo que yo padecía y aún sigo luchando pero, si me pongo bravo con Dios y me enojo ¿qué gano? Me iría peor. Prefiero seguir sufriendo  y quejándome delante de sus ojos, con la fe puesta en que algún día pasarán los días amargos, que irme al mundo a exponerme a las garras de los demonios. Cuando la decepción nos llega, algunos se marchan de regreso al mundo, pensando que es imposible que un Dios de amor pueda permitir tanta desgracia personal y con esta actitud, apagan sus dones.

La gente reacciona frente al dolor de maneras diversas y complejas. Algunos reniegan de su fe, otros desarrollan fuertes depresiones y se sumergen en un ámbito oscuro. Incluso conozco historias de cristianos quienes, no pudiendo superar el bajón anímico por diversas causas, se abandonaron tanto que acabaron suicidándose.

No hay soluciones fáciles para las angustias existenciales. Pero Dios nos dice que toda tribulación del alma es temporal: "Esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria" ( 2 Corintios 4:17). Ya sé que dirán algunos: mi sufrimiento no es ni leve ni momentáneo. Concuerdo: sufro desde hace años y a veces, leyendo este versículo, caigo en un escepticismo.

Tanto dolor acumulado ¿cómo puede ser leve y momentáneo? Luego pienso en la eternidad de la vida que Dios nos obsequió en su Reino y caigo en cuenta a qué se refiere este pasaje de las Escrituras cuando lo leo en concordancia con el siguiente:

3 Y conozco al tal hombre (si en el cuerpo, o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe),

4 que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar.

5 De tal hombre me gloriaré; pero de mí mismo en nada me gloriaré, sino en mis debilidades.

6 Sin embargo, si quisiera gloriarme, no sería insensato, porque diría la verdad; pero lo dejo, para que nadie piense de mí más de lo que en mí ve, u oye de mí.

7 Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera;

8 respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí.

9 Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. 

2 Corintios 12: 3-9
Versión
Reina Valera 1960

¿Qué diremos sobre los que padecen decepción? 

No hay que subestimar las tribulaciones del alma porque, aún sabiendo que Dios hace milagros de sanidad (los he visto aún en mi propia familia) también es cierto que no siempre sana a todos. Cristo sana pero no siempre. (Yo soy un ejemplo de lo que digo. Años en la dolencia y nunca recibí el alta divino para mi enfermedad). Es resúmen, los padecimientos del alma humana son de variado origen y diferente nivel de intensidad por lo tanto, las palabras de Paulo Arieu en este punto me llenan de sombras. Dios no trata a todos de igual manera. Es una realidad. El dolor de B no es el mismo que sufre C y aún así, lo viven intensamente. ¿Qué se puede hacer en situaciones de tanto estrés?

Afortunadamente, en muchísimas iglesias existe hoy más comprensión hacia los padecimientos del alma. Han implementado consejería espiritual, psicológica, etc. Aún así, no perdamos de vista que Dios sana con cinco vías al enfermo de decepción o depresión (Para mi estar decepcionado es un estado de depresión). Las cinco vías que menciono son: Ayuda psiquiátrica, psicológica, espiritual, médica clínica y amor fraternal. 

Cuando tenemos estrés, angustias, aflicción, penas, por causa de pruebas que nos atropellan, puede que nos visite la decepción y si esta logra instalarse en nosotros, demandará gran esfuerzo  superar el problema, si es que se supera. No es fácil volver a creer en Dios con la pureza original una vez que nos afectó la desconfianza. Por supuesto, no todos reaccionamos del mismo modo -insisto- y he visto gente perder todo profiriendo pocas quejas mientras que otros, por poco, se marchan de Dios y otros, directamente se declararon ateos (En mi caso me quejo amargamente a Dios pero sigo en la carrera).

Cuando la decepción llega, hay que buscar ayuda si en verdad se quiere seguir junto a Dios. Pero no cualquier ayuda. Conviene aún con esfuerzo, arrodillarse y clamar por ayuda idónea. No toda la asistencia que puede llegarnos viene de Dios. Cuidado, que es en la tormenta, cuando sobreabundan los peligros. A veces, como me sucedió a mí, apareció semejanza de "ayuda idónea" que venía de parte del enemigo de nuestra fe.

A veces soy tentado a pensar que Dios quiere que suframos. Y si fuera así ¿qué podemos hacer? Dios dice que, a quien ama disciplina y corrige y que esta severidad, lejos de rechazarla, la debemos con gozo suportar. Pero, que levante la mano al que le gusta sufrir. A menos que suframos alguna parafilia, dudo que estemos gozosos en la prueba. Yo no he visto a nadie en éxtasis por estar padeciendo. A lo mejor el lector sí, en mi caso, no.

Cuando estamos en la lucha, uno se pregunta si en verdad Dios es amor. Entonces recordamos que Cristo dijo que en el mundo tendríamos aflicción y la decepción es una aflicción. No es nada agradable andar cargando este sentimiento con respecto a Dios. Es un dolor lacerante porque disminuye la capacidad de confiar y sin confianza, se incrementa la falta de oración y sin oración, la fe se cae en picada. En estos momentos estamos en lo que un misionero inglés del ya desaparecido Instituto Bíblico Bahía Blanca solía decir: estamos en la lucha. Es cuando decidir determinará el curso de nuestras vidas a futuro. Hace unos días atrás, mi pastor Daniel Huenchul dijo algo muy importante. El mencionó que todos declaramos que subir a la Cruz fue el acto de mayor triunfo de Cristo durante su martirio. Pero no había que perder de vista que esta victoria era secundaría de otra. La batalla principal la había ganado en Getsemaní. Al decidir ir a la Cruz, cuando se determinó, el resto era cuestión de tiempo. En esa noche infernal de sudor con sangre y oración en soledad -sus discípulos se habían dormido en vez de estar orando con él para ayudarlo- Cristo venció las dudas de su cuerpo y mente humana y abandonándose al Padre, avanzó firme hacia su destino. Tal vez nosotros, en situaciones límites, tengamos que hacer lo mismo. Abandonarnos y dejar fluir.

Pero tenemos ejemplos de campeones de la fe como Job, quien luego de sufrir pérdidas que podrían conducirlo a la locura, solo atinó a bendecir al Señor y se sentó a aguantar y a quejarse también. (Ver capítulo 7 del libro de Job). Otros, en cambio, como Elías, luego de de quejarse y pedir la muerte cuando era perseguido por Jezabel, le fue quitado su ministerio y reemplazado por Eliseo. Dios atendió el cansancio físico y moral del profeta y lo llevó al cielo de modo milagroso. Dios es justo y no deja de retribuir a lo grande a quienes por él, han sufrido también en grande. Recordemos la queja de Job: 


1 La vida del hombre aquí en la tierra
es la de un soldado que cumple su servicio,

2 la de un esclavo que suspira por la sombra,
la de un peón que espera con ansias su salario.

3 Me ha tocado vivir meses enteros de desengaño,
noche tras noche de sufrimiento.

4 Me acuesto y la noche se me hace interminable;
me canso de dar vueltas hasta el alba,
y pienso: ¿Cuándo me levantaré?

5 Tengo el cuerpo lleno de gusanos y de costras,
y me supuran las heridas de la piel.

6 Mis días se acercan a su fin, sin esperanza,
con la rapidez de una lanzadera de telar.

7 Recuerda, oh Dios, que mi vida es como un suspiro,
y que nunca más tendré felicidad.

8 Nadie podrá volver a verme;
pondrás en mí tus ojos, y dejaré de existir.

9-10 Como nube que pasa y se deshace,
así es el que baja al sepulcro:
jamás regresa de allí,
sus familiares no vuelven a verlo.

11 Por eso no puedo quedarme callado.
En mi dolor y mi amargura
voy a dar rienda suelta a mis quejas.

12 ¿Soy acaso un monstruo del mar
para que así me vigiles?

13 Cuando pienso que en la cama encontraré descanso
y que el sueño aliviará mi pena,

14 me llenas de terror en mis sueños;
¡me espantas con pesadillas!

15 Sería mejor que me estrangularas;
prefiero la muerte a esta vida.

16 No puedo más. No quiero seguir viviendo.
Déjame en paz, que mi vida es como un suspiro.

17 ¿Qué es el hombre, que le das tanta importancia?
¿Por qué te preocupas por él?

18 ¿Por qué lo vigilas día tras día,
y lo pones a prueba a cada instante?

19 ¿Por qué no apartas tu vista de mí,
y me dejas siquiera tragar saliva?

20 Si peco, ¿qué perjuicio te causo,
vigilante de los hombres?
¿Por qué me tomas por blanco de tus flechas?
¿Acaso soy una carga para ti?

21 ¿No puedes perdonarme mi pecado?
¿No puedes perdonar el mal que he cometido?
Pronto estaré tendido en el polvo:
me buscarás, y ya no existiré.

Job 7:1-21
Versión
Dios Habla Hoy

¿Qué podemos hacer frente a la decepción? 


Buscando material para escribir este artículo, encontré un libro sencillo pero de escritura poderosa para socorrer a la fe maltratada por la aflicción.

Consuelo en tiempos de Prueba
Brumfield; J.C.
Una versión abreviada se puede leer en Google Books
Para acceder, click AQUÍ

Una de las páginas de
Consuelo en tiempos de Pruebas

Encontré, también, un interesante artículo en la website Got Question? org., que comparto aquí. (Para acceder a la página citada, click AQUÍ, por favor). 
Pregunta: "¿Es malo sentirse decepcionado con Dios?" 
Respuesta: Decepcionarse con Dios no necesariamente es algo malo o pecaminoso; más bien es parte de la condición humana. La palabra decepcionado significa “un sentimiento de insatisfacción cuando las esperanzas, los deseos y las expectativas de uno no se cumplen.” Cuando de alguna manera Dios no cumple con nuestras esperanzas o no llena nuestras expectativas, inevitablemente surge la decepción. Si Dios no actúa de la manera en que pensamos que Él debería, nos decepcionamos de Él y nos desilusionamos de Su desempeño. Esto puede conducir a una vacilante fe en Dios, especialmente respecto a Su soberanía y bondad.  
Cuando Dios no actúa como pensamos que debería actuar, no es porque Él sea incapaz de hacerlo. Es simplemente que Él elige no hacerlo. Mientras que esto puede parecer un hecho arbitrario o caprichoso de Su parte, la verdad es exactamente lo opuesto. Dios elige actuar o no, de acuerdo a Su perfecta y santa voluntad, a fin de lograr sus justos propósitos. Nada de lo que suceda está fuera del plan de Dios. Él tiene el control sobre cada molécula que flota en el universo, y la voluntad de Dios abarca cada acto y decisión hecha por cada persona en todo el mundo en todo momento. Él nos dice en Isaías 46:11, “…que llamo desde el oriente al ave, y de tierra lejana al varón de mi consejo. Yo hablé, y lo haré venir; lo he pensado, y también lo haré.” Aún las aves de alguna manera son parte de Su pre-ordenado plan. Aún así, hay veces en que Él elije comunicarnos Sus planes (Isaías 46:10), y otras en que no lo hace. Algunas veces entendemos lo que está haciendo; pero otras veces no (Isaías 55:9). Algo sabemos con seguridad: si le pertenecemos, cualquier cosa que Él haga será para nuestro beneficio, ya sea que lo entendamos o no (Romanos 8:28). 
La clave para evitar decepcionarnos con Dios es alinear nuestras voluntades con la Suya y someternos a Su voluntad en todas las cosas. Al hacerlo, no sólo nos evitará ser decepcionados por Dios, sino también evitará que nos quejemos y enojemos por los eventos que ocurran en nuestra vida. Los israelitas en el desierto se quejaron y cuestionaron a Dios en varias ocasiones, a pesar de haber visto el milagroso despliegue de Su poder al abrirles camino en medio del Mar Rojo, al suministrarles el maná y las codornices en el desierto, y al ver la gloria del Señor que los seguía en la forma de una columna de fuego (Éxodo 15-16Números 14:2-37). A pesar de la continua fidelidad de Dios para con Su pueblo, ellos estaban enojados y decepcionados con Dios porque Él no actuaba como ellos pensaban que debía hacerlo. En vez de someterse a Su voluntad y confiar en Él, ellos vivían en un constante estado de agitación y confusión. 
Cuando alineamos nuestras voluntades con la voluntad de Dios y cuando podemos decir con Jesús, “…pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.” (Lucas 22:42), entonces encontramos el contentamiento del que habló Pablo en 1 Timoteo 6:6-10 y Filipenses 4:11-12. Pablo había aprendido a contentarse con cualquier cosa que Dios enviara en su camino. Él confiaba en Dios y se sometía a Su voluntad, sabiendo que un Dios santo, justo, perfecto, amoroso y misericordioso, haría que todas las cosas trabajaran juntas para su bien, porque eso es lo que Él ha prometido. Cuando vemos a Dios bajo esa luz, es imposible que nos sintamos decepcionados de Él. En vez de ello, nos sometemos gustosamente a nuestro Padre celestial, sabiendo que Su voluntad es perfecta y que todo lo que Él permite que suceda en nuestras vidas, será para nuestro propio bien y para gloria Suya.
Oremos

Padre Celestial, estamos decepcionados de ti.  Este sentimiento no es bueno, por lo tanto, no proviene de tí sino de nuestro enemigo el diablo.

El mal llega y muchas veces nos preguntamos si en verdad, tú nos amas. Dudamos cuando nuestra alma esta en tormenta, de tu provisión, y el enemigo aprovecha esta incapacidad para instalar la decepción con el único fin de apartarnos de ti.

Padre, perdónanos en Cristo la debilidad que nos induce a pensar que no nos amas lo suficiente y ayúdanos en tu misericordia, a ponernos de pie, seguir adelante, porque bien ha dicho Jesús, en este mundo tendremos aflicción más el venció al mundo y en Cristo tenemos fuerzas para superar todos los obstáculos y si hubiera alguno que no podamos superar, danos entendimiento para resignarnos y aceptar la prueba en silencio.

En nombre de Jesús, Padre, no permitas que dudemos jamás de tí, que el Espíritu Santo nos consuele en todo momento, cuida nuestros pensamientos, emociones, sentimientos; Padre nuestro que estás en los cielos, amén.





















1. Ma, Lybi. (March 29, 2004). Down But Not Out. Originally published in Psychology Today. Hosted with permission by medicinenet.com. Retrieved 22/02/08.

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