martes, 16 de julio de 2013

AIRAOS PERO NO PEQUÉIS

          

 Efesios 4:26,27

Por 


Introducción:
     A. Este estudio tratará el problema del enojo. Pablo dice, "Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo".
     B. La persona que no se enoja nunca no vale nada en el servicio de Dios. La Biblia habla mucho acerca del enojo de Dios y el enojo de Jesús.
     C. Lo importante es ¿cuándo debe­mos enojarnos?, ¿cuándo no debemos enojarnos?
¿Por qué debemos enojarnos?, ¿qué hacer con el enojo?, ¿qué nos mueve a hacer o a decir?, ¿cómo nos afecta?
I. El Enojo De Dios
     A. 1 Reyes 11:9,10, "Y se enojó Je­hová contra Salomón, por cuanto su corazón se había apartado de Jehová Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces, y le había mandado acerca de esto, que no siguiese a dioses ajenos; mas él no guardó lo que le mandó Jehová".
          1. Dios se enoja cuando Sus siervos se apartan de El. No es indiferente. El aborrece la desobediencia y la apostasía.
          2. Le había aparecido a Salomón dos veces, le dio sabiduría, y lo exaltó en todas formas, dándole riquezas y fama mundial. Con razón Dios se enojó.
     B. 2 Reyes 17:18, "Jehová, por tanto, se airó en gran manera contra Israel, y los quitó de delante de su rostro". El texto des­cribe la apostasía de Israel, cómo se apartó de Dios y practicaba toda forma de idolatría abominable.
     C. Sal. 7:11, "Dios es juez justo, y Dios está airado contra el impío todos los días". ¿Por qué no son predicados los tex­tos que hablan del enojo de Dios? ¿Por qué solamente oímos del amor de Dios, y de Su misericordia? Hay muchos textos que describen Su enojo, tanto en hechos como en palabras.
     D. Sal. 79:5, "¿Hasta cuándo, oh Je­hová? ¿Estarás airado para siempre? ¿Arderá como fuego tu celo?"
     E. Sal. 80:4-6, "Jehová, Dios de los ejércitos, ¿Hasta cuándo mostrarás tu indignación contra la oración de tu pueblo? Les diste a comer pan de lágri­mas, y a beber lágrimas en gran abundan­cia. Nos pusiste por escarnio a nuestros vecinos, y nuestros enemigos se burlan en­tre sí".
     F. Heb. 10:31, "¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!"; Heb. 12:29, "nuestro Dios es fuego consumidor". Esto también fue dicho en un contexto de apostasía. Como los antepasados siempre se apartaban de Dios, así también estos judíos cristianos se apartaban y algunos pisoteaban al Hijo de Dios.
     G. Dios se enoja, pues, contra toda desobediencia, rebelión, idolatría, hipocresía, y opresión. El no está dormido, y no es indiferente. 
II. El Enojo De Jesucristo
     A. Sal. 2:12, "Honrad al Hijo, para que no se enoje, y perezcáis en el camino; pues se inflama de pronto su ira". El se­gundo salmo es mesiánico y es citado varias veces en el Nuevo Testamento.
     B. Mar. 3:5, "Entonces, mirándolos alrededor con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y la mano le fue restaurada sana".
          1. Dice el v. 2 que los judíos "le asechaban para ver si en el día de reposo le sanaría, a fin de poder acusarle". 
          2. El enojo de Jesús fue su reacción a la hipocresía y dureza de los judíos que profesaban celo por la ley, pero ignoraban por completo el bienestar del pobre hom­bre con la mano seca.
     C. Mat. 21:12-17; Jn. 2:13-17, Jesús reprende a los traficantes en el templo. En Juan 2:14,15, "y halló en el templo a los que vendían bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas allí sentados. Y haciendo un azote de cuerdas, echó fuera del templo a todos, y las ovejas y los bueyes; y esparció las monedas de los cambistas, y volcó las mesas".
           1. Los evangelistas de televisión ganan millones de dólares. Si se quitara el comercio de la Iglesia Romana, o de la religión mormona, o de varias otras iglesias habría un gran derrumbe de igle­sias.
           2. ¿Qué pensará Cristo ahora de los que quieren convertir la iglesia de El en un centro de recreo y actividad social?
     D. Muchos hablan solamente del tierno Jesús. Siempre es proclamado como compasivo, paciente, amoroso y be­nigno, y sería imposible exagerar estas cualidades. Pero somos ciegos si no vemos Su santa indignación ardiente. Seguramente los judíos la vieron.
III. Nosotros Debemos Tener La Misma Disposición Que Observamos En Cristo.
A.   Pablo tenía la misma disposición, la misma actitud.
1.     2 Cor. 11:2, "Porque os celo con celo de Dios".
                 2. Hech. 13:10, "¡Oh, lleno de todo engaño y de toda maldad, hijo del diablo, enemigo de toda justicia! ¿No cesarás de trastornar los caminos rectos del Señor?" Y luego el hombre quedó ciego.
                 3. Hech. 23:3, "¡Dios te golpeará a ti, pared blanqueada!" Así dijo Pablo a Ananías el sumo sacerdote injusto. Pablo no sabía que era el sumo sacerdote, pero éste merecía la reprensión de Pablo.
                4. Pablo demostró gran celo por Dios; no era indiferente ante la injusticia ni la hipocresía, ni tampoco cuando los falsos maestros entraron en la iglesia para destruir la obra que Pablo con gran sacri­ficio había hecho.
     B. Esteban también tenía la misma disposición (Hech. 7:51,52).
     C. Estos textos y muchos otros nos enseñan que debemos manifestar abier­tamente nuestro desagrado, disgusto y des­contento con el error y la maldad de toda clase. Muchos creen que el cristiano es muy tolerante. Debemos ser tolerantes en el sentido de ser pacientes con los dé­biles; pero no debemos ser tolerantes con las cosas que tanto provocaron a Cristo, a Pablo y a Esteban.
IV.         Debemos Amar Al Enemigo, Al Opo­nente Que Sea.
     A. Dios ama a todos los pecadores, Ezeq. 18:23; 1 Tim. 2:4; 2 Ped. 3:9. Es por esto que Su ira se enciende contra ellos; es para reprenderlos y traerlos al arrepen­timiento para que se salven.
     B.  Cristo murió por los pecadores, Rom. 5:8,9. Y el mismo amor manifestado en su muerte también fue manifestado cuando El era provocado y denunciaba los pecados.
           1. Cristo murió para expiar los pecados del mundo, pero esos mismos pecados tienen que ser expuestos, descu­biertos y denunciados. Cuando El se enojó, no dejó de amar a los judíos. Su in­dignación justa y santa redundó en beneficios espirituales para ellos.
           2. Apoc. 3:19 "Yo reprendo y cas­tigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete".
     C. Así también nosotros, debemos amar al enemigo, Mat. 5:44-48, orando por él, volviendo bien por mal, ayudán­dole en lo que podamos.
           1. Debemos buscar su bienestar físico, Rom. 12:20.
          2.  Pero debemos buscar también su bienestar espiritual, y esto requiere la reprensión del pecado, Luc. 17:3 (lo que se dice aquí del hermano se aplica también a todo el mundo); 2 Tim. 4:2.
          3. "Mejor es reprensión manifiesta que amor oculto. Fieles son las heridas del que ama; pero importunos los besos del que aborrece" (Prov. 27:5,6).
     D. Lo que afirmamos es que la con­ducta del cristiano debe ser siempre apropiada en cualquier circunstancia. Lo que provoca a Dios nos debe provocar a nosotros. Si Cristo estuviera aquí en la tierra, llevando los zapatos nuestros, ¿qué diría?, ¿cómo reaccionaría en las varias circunstancias en las que nos encontramos nosotros?

V. Entonces, ¿Por Qué Se Condena El Enojo En Varios Textos?

     A. En el mismo texto, Efes. 4:31, Pablo dice "Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira..."
          1. Gál. 5:20 dice que la "ira" es obra de la carne.
          2.  Col. 3:5-8 habla de las "cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia"; las primeras dos cosas son "ira, enojo".
 
     B. ¿Cómo podemos saber cuándo el enojo está bien y cuándo no?
1. Ya hemos visto que debemos sen­tir la indignación justa contra el pecado y el error. Es apropiado que nos sintamos descontentos y aun disgustados y enojados para ser movidos a reprender el pecado.
           2. Pero tal enojo no es causado por el egoísmo o por el deseo de vengarse y hacer daño al oponente. No es malicioso.
     C. Efes. 4:31,32 incluye con el enojo la gritería y maledicencia, y toda malicia. El enojo relacionado con tales cosas es carnalidad, es pecado. El enojo en este texto es el opuesto de "misericordiosos, perdonándoos".
     D. 2 Cor. 12:20 habla de iras en medio de contiendas, envidias, divisiones, maledicencias, murmuraciones, soberbias, y desórdenes.
     E. Gál. 5:20 habla de la ira en conexión con enemistades, pleitos, celos, contiendas, y disensiones. El enojo que se condena se reconoce por sus compañeros.
     F. 1 Ped. 2:21-23, en cuanto a los in­sultos y toda la injuria contra Su persona, Jesús no se enojó: "cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomen­daba la causa al que juzga justamente". Jesús no tenía nada de malicia en Su corazón. No quiso venganza. No quiso hacer daño a ningún enemigo. Al con­trario oró por ellos.
Conclusión:
     A. Debemos enojarnos, pues, para defender a verdad, sintiendo indignación cuando las cosas de Cristo son pisoteadas. No dejemos de levantar la voz para protestar y para reprender.
     B. Pero debemos quitar del corazón el enojo asociado con la malicia que provoca contiendas y hace injuria a otros.
     C. Desde luego, nos sentimos irrita­dos y provocados cuando hay insultos e injurias contra nuestra persona. Pero Pablo dice, "Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo".
          1. El enojo es para movernos a al­guna acción. El cristiano tiene control de su corazón, y su acción o reacción es apropiada a su vocación como cristiano. Si debe reprender el pecado, que lo haga, con amor, con el propósito de corregir el mal. Si debe sufrir el agravio (1 Cor. 6:7), que lo haga con gozo.
     2. Es apropiado y correcto que el cristiano exprese lo que piensa a la persona que le ha agraviado, explicando que su conducta o palabras no son correctas y que él está fuera de orden. Le puede llamar la atención a lo incorrecto de su conducta. Esto debe hacerse con completo dominio propio.
     3. Pero de ninguna manera debe­mos acostarnos enojados, porque el enojo que permanece en el corazón se convierte en malicia. Si dejamos que el enojo se quede en el corazón, aun para otro día, es­tamos dando lugar al diablo. 
          4. Una sugerencia muy práctica para cuando sucedan disgustos entre hermanos es que algún hermano diga, "Hermanos, oremos" y el hermano que ha causado la provocación debe dirigir la oración.

 Wayne Partain
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