martes, 18 de agosto de 2015

ALIMENTAR AL CUERPO DE CRISTO, SU IGLESIA






El domingo 16 de agosto asistí por la noche, al servicio en nuestro Templo Cristiano (de la denominación Unión Evangélica Argentina) en San Antonio Oeste, provincia de Río Negro. El Pastor, Héctor Daniel Huenchul, estuvo a cargo de la predicación y en verdad, para quienes lo conocimos cuando este hombre comenzó su largo camino junto al Señor, damos testimonio que Dios lo ha capacitado no solo en cuanto a conocimientos sino en oratoria y mansedumbre. Daniel es un hombre literalmente nuevo y útil al Señor. Su prédica fue titulada El Drama del Hambre y, en base a lo por el predicado, nace este artículo con una pregunta a los lectores: ¿Puede el Cuerpo de Cristo tener hambre? ¿Qué podemos ofrecer nosotros para mitigar esa necesidad?

¿Qué es el Cuerpo de Cristo?

Para quienes comienzan los rudimentos de nuestra fe, quiero explicar que el Cuerpo de Cristo es la iglesia cristiana entendiéndose el término “iglesia” como una gran congregación de personas las cuales aportan o deberían aportar, sus dones y talentos para la gran comisión: ir por todo el mundo y predicar el evangelio.

Matt Slick, de Miapic, lo explica de este modo:

La Iglesia Cristiana puede verse de dos formas: la visible y la invisible. La iglesia visible está compuesta por todos aquellos que afirman ser cristianos y que se reúnen para adorar y participan de los sacramentos: la Cena del Señor y el Bautismo.
Entre los miembros de la iglesia visible se excluyen tanto las sectas como los cultos no Cristianos como los mormones, los Testigos de Jehová, etc. La iglesia visible contiene tanto creyentes como no creyentes; esto es, hay personas en la Iglesia visible que no son verdaderamente salvos. Los miembros de la Iglesia invisible son el actual cuerpo de creyentes. Ellos son los que verdaderamente son regenerados y han creído sólo por fe en el único y verdadero Señor y Salvador Cristo Jesús. El Señor Jesús mora en el verdadero Cristiano (Jn 14:23) a través del Espíritu Santo. Por lo tanto, la Iglesia Cristiana es por decirlo figurativamente, el cuerpo de Cristo.
Romanos 12:5: “así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.”
Efesios 4:12: “a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo.”
La palabra “iglesia” viene del Griego “ekklesia”, vocablo compuesto de “ek” que significa “fuera” y “klesia” que viene de “klesis”, y que significa “llamamiento”. Literalmente podría decirse que iglesia significa “los llamados fuera”. En Hechos 19:39-41 aparece la palabra “ekklesia” la cual se traduce como “asamblea”. Por lo tanto, la iglesia es la reunión de los creyentes—los que han sido llamados fuera—que participan en la comunión entre sí en la medida en que adoran a Dios y escuchan de Su Palabra, la Biblia. La iglesia como un todo ha sido equipada con personas que poseen diferentes dones espirituales (Ro 12:5-8).
El propósito de los dones de acuerdo a Efesios 4:11-13 es: “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; La iglesia Cristiana fue fundada por Jesús y Él es su Cabeza y Salvador (Col 1:18; Ef 5:23). Al estar en la iglesia el Cristiano se sujeta al Señorío de Jesús (Ef 5:24) a través de la administración de la Palabra de Dios. (Para saber más, visite la página Web de Miapic clickando AQUÍ).

Hecha la aclaración y volviendo a la pregunta sobre si el Cuerpo de Cristo puede tener hambre, la respuesta es sí. Puede tener hambre por no ser correctamente alimentado por quienes integran los colectivos cristianos. 

Existen las iglesias que tienen muchísima teología pero poca experiencia a la hora de transmitir ese conocimiento al pueblo  y otras que congregan más de 20.000 personas solo para dar servicios de alabanza sin el sustento de la Palabra de Dios. Obviamente, un término medio -donde Biblia y Alabanza estén en equilibrio- es difícil de conseguir pero para Dios nada es imposible. El Cuerpo de Cristo tiene que tener correcta alimentación espiritual pero no toda esta alimentación debe ser aportada por los pastores o líderes. Los fieles también tienen su parte en la tarea de alimentar al Cuerpo de Cristo, su iglesia. ¿Cómo?

Por ejemplo: Huenchul mencionó dos pasajes en su predicación: Marcos 6:30-44 y Marcos 8: 1-10. En ambos se relatan milagros de alimentación de masas a partir de la existencia de restos de pan  y pescados.

El primer milagro Cristo lo realiza en base a cinco panes y dos pescados que tenían consigo los discípulos. El segundo, siete panes y unos pocos pececillos. Esta magra cantidad de comida bastó para alimentar primero a 5000 mil personas y en la segunda, 4000. En total, 9000 personas comieron gracias a la provisión que entregaron los discípulos. Recapitulemos: Jesús realizó el milagro gracias a lo que aportaron los discípulos. Sin esta provisión -los discípulos pudieron haberse negado a compartir lo poco que tenían pero no lo hicieron- y gracias a la generosidad, muchos comieron.

Un detalle que narra un pasaje de las Escrituras, según Huenchul, es importante destacar: Cristo en Marcos 8:2 dice sentir compasión por las personas que llevaban tres días con él y no tenían para comer. La etimología de la palabra, del latín cumpassio, es una traducción del vocablo griego sympathia que significa "sufrir juntos", "tratar con emociones"; es la percepción y comprensión del sufrimiento del otro, que despierta un deseo de aliviar, reducir o eliminar definitivamente el dolor que aflige al sufriente. Huenchul dijo además, que también se podía interpretar como "un revuelto de estómago frente al dolor del otro".

En base a este testimonio de la Escritura, Huenchul se preguntó a sí mismo y a la vez a los hermanos que estábamos presentes: ¿qué tenemos nosotros, los cristianos, para colaborar con Jesús en la tarea de darle alimento espiritual a miles de personas? Algún don debemos poseer –dijo- como para ofrecérselo a nuestro Señor y que él, mediante su poder, haga milagros de superabundancia allí donde hace falta. 

Cada uno de nosotros tiene dones y talentos. Cada don y cada habilidad para hacer cosas, puestas al servicio de Dios en la comunidad donde nos congregamos, en verdad trazan una línea de demarcación entre lo mediocre y la excelencia. ¿Cuántas iglesias tienen escuela dominical por ejemplo? El hecho que una iglesia tenga tal servicio es de por si, muy alentador. Las escuelas dominicales cristianas han sido núcleos no solo de semilleros de futuros cristianos comprometidos sino que además, en tiempo de necesidad, colaboran en mantener alimentados a los niños.

Hay muchos panes y peces entre los fieles que se puede aportar a la tarea de colaborar con Jesús. Dependerá entonces de los pastores y de los fieles, que toda la ayuda posible sea entregada para colaborar con nuestro Señor. En una iglesia es tan importante quien reluce pisos, cocina, lava, colabora en la limpieza general, etc. Todos tenemos panes y pececillos para darle a Jesús para que él ,con esta ayuda, pueda dar de comer espiritualmente a muchos otros que están a punto de ser convocados a la vida eterna.

Oremos: Padre celestial, en nombre de Cristo, confieso que no he  trabajado mucho para ayudarte a alimentar a tu iglesia. Me he pasado el tiempo luchando contra dudas, temores, timidez o falta de oportunidades. Te ruego Padre amado que tomes mi cuerpo como ofrenda viva, para servir delante de tu gloria, y contribuir a alimentar al Cuerpo de Cristo tu iglesia. Te suplico que abras ventanas de oportunidad para que pueda ayudar en lo que tu quieras que ayude conforme a mis capacidades. Y si aún no estoy listo espiritualmente para servir, te pido que me fortalezcas porque es mi deseo, servir. Porque las necesidades son muchas, vivimos en tiempos difíciles y todos tenemos que colaborar sin murmurar, para que la iglesia este preparada para el día de la llegada de nuestro Señor. En nombre de Cristo, me pongo a tus órdenes mi Dios compasivo, amén. 


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