sábado, 26 de abril de 2014

Y AHORA QUE SOY CRISTIANO



 ¿QUÉ HAGO CON MI VIDA?


Primeramente, ríndela completamente a Dios sin condición ni reserva (Romanos 12:1). La mejor manera de arruinar una vida y quebrantar el corazón es hacer una entrega incompleta (compara Hechos 5:1-11). La causa de no obtener respuesta a la oración es la entrega incompleta (Santiago 4:3).

La pregunta que debemos hacernos no es: “¿Cómo me usará Dios a mí?” sino: “¿Estoy yo en condiciones de ser usado por Dios?” No esperes dirección personal sin una entrega completa. ¿Sabes cómo rendirte a Dios? El secreto se encuentra en Lucas 14:33: “Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.” Esa palabra renuncia quiere decir privar de todo derecho a una persona o cosa. La manera de rendirte a Dios es entregarle a Él todo lo que tienes y todo lo que eres. ¡Renunciar es la consigna!

“Aquí tienes Señor, mi casa, mi automóvil, mi dinero, mis seres queridos, a mí mismo” ¡Rendirse a Dios! La vida rendida es la vida que Dios puede usar. Empieza a llevar, donde te encuentres ahora, la clase de vida que Dios puede bendecir. No esperes hasta el próximo mes o el año entrante la oportunidad que te vaya a hacer grande. 

Haz una lista de los talentos y habilidades que posees y ora acerca de ellos, pidiendo a _Dios que te revele el campo de trabajo donde mejor puedes servir.  Nada peor que una persona reñida con su ambiente, tropezando, buscando la manera de tener éxito en un servicio cristiano para el cual no está preparada. 

Depende de Dios a cada paso: “Fíate de Jehová de todo tu corazón y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos y el enderezará tus veredas” (Proverbios 3:5,6) “Así que, hermanos, os ruego que por las misericordias de Dios, que presentéis  vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios que es vuestro culto racional (Romanos 12:1).

Extraído de: Cook; Robert: Ahora que creo; Publicaciones Portavoz Evangélico; Chicago; Estados Unidos; 1949; 10 edición; Capítulo 8 ¿Qué haré con mi vida?; p.p. 101 -108; Buenos Aires; Argentina; 1987

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