jueves, 29 de mayo de 2014

ATEOS Y CRISTIANOS -FRANCIS SPUFFORD Y SU "QUERIDOS ATEOS"


Aunque algunos lo deseen
parece imposible, por el momento, 
el diálogo tolerante y colaboración
entre Ateos y Teístas
para construir un mundo mejor

¿Colaboración entre ateos y teístas como lo hacen estas hormigas?
Por el momento, algo difícil de considerar. 
Los radicalismo están en auge.
Y las partes se enfrentan en debates que han conducido
hacia un resurgimiento tanto de la apologética atea,
como  de la cristiana.



Francis Spufford; editor y escritor; ha publicado en el País de España, un artículo titulado “Queridos Ateos” donde le solicita a los incrédulos reconocer que, tanto ellos como los cristianos, son creyentes que apelan a la fe para sostener un entramado ideológico. Le ha replicado Jorge Blaschke, respuesta que tratamos más abajo.  Spufford, en resúmen, dice: 
“Permítanme que venga a molestarles con un proyecto: el de respeto mutuo entre ateos y creyentes. Se apoya en un principio muy sencillo: ambos sostenemos una postura para la que, por definición, no hay pruebas. Nosotros creemos que existe un Dios y ustedes creen que no; cuando, en realidad nadie lo sabe, ni puede saberlo; no es una cuestión susceptible de ser probada. La ciencia, como mucho, puede demostrar que no hay necesidad de Dios como explicación física de nada. Puestas así las cosas, la posición natural, neutral y moderada sería el agnosticismo: un calmado, indiferente desconocimiento. 
Sin embargo, usted y yo y esas salvajes criaturas románticas que somos, nos apresuramos a tomar posiciones de fe sobre el asunto. Esta compartida (aunque enfrentada) extravagancia podría convertirnos en almas gemelas. O en sin-almas gemelas; yo digo lechuga, usted dice tomate, pero al menos ambos estamos hablando de hortalizas. Ateos y creyentes son, en formas opuestas, gente con convicciones, gente que se queda fuera del centrado campo del empirismo. 
Mes frères, mes soeurs, mes semblables! Abracémonos, porque todos somos refugiados huyendo del aburrido pragmatismo”. Luego añade: “Ustedes sacan la carta de la dignidad del materialismo, y nosotros ponemos al lado la aceptación cristiana de lo trágico, lo desechado, lo irreparable. Ustedes sacan el humillante descubrimiento de la pequeñez y la contingencia de la humanidad en el cosmos, y la idea enaltecedora de que en cualquier caso la vida humana sigue teniendo sentido. Nosotros sacamos la universalidad del fracaso humano, y la esperanza de escapar de la búsqueda eterna del beneficio propio. Nosotros enseñamos nuestras cartas y ustedes enseñan las suyas. Y juntos admiramos las previsibles apuestas que nos sostienen. 
No obstante —y ahora sí que intento provocar— antes de eso, creo que ustedes deberían ser un poco más claros sobre cuál es el contenido emocional de su ateísmo. Ustedes son quienes aseguran estar actuando a partir de una simple carencia, a partir de una no-creencia, pero, ya que hablamos de ausencias, el ateísmo contemporáneo no parece involucrar sentimientos convincentes ni de lejos. No todo es leer a Lucrecio, o pensar en la naturaleza de las cosas hermosas. 
Para muchos de ustedes, el objetivo del ateísmo parece ser no tanto la no-relación con Dios, como una viva y hostil relación con los creyentes. La misma existencia de la religión parece ser una afrenta, un atrevimiento, un picor que no pueden evitar rascar. La gente a la que no le gusta coleccionar sellos no tiene una revista especializada llamada El Antifilatélico. Ustedes sí. Lo que hacen es el equivalente a irse un domingo a la plaza Mayor de Madrid con pancartas contra la venta de sellos. 
Cuando en un diario progresista se habla de eso de las creencias, los comentarios suelen estar copados por tertulianos que lanzan su desprecio con la misma fuerza que un extintor de incendios. Es como si hubiera una pequeña onda transgresora de satisfacción que solo se pudiera alcanzar pronunciando palabras despectivas allí donde un cristiano de verdad pueda oírlas. Y esto no puede ser bueno para ustedes. Nunca es buena idea creer que el placer de la agresión esconde detrás una virtud. Se lo dice una persona religiosa. Eso sí que lo sabemos con certeza”.
Por supuesto, el artículo ha hecho ruido y no tardaron en aparecer algunos contrapuntos ateos. Me detuve a leer uno cuyo autor;  Jorge Blaschke; a pesar de ser un prolífico escritor, su pensamiento yo no conocía. Así que, picado por la curiosidad, fui a ver que le respondía a Spufford.
“Comparto con el que ni creyentes ni no creyentes podemos demostrar, unos que existe Dios y otros que no existe. Para los primeros es cuestión de fe, para los segundos cuestión de razón. Los primeros se apoyan en la tradición religiosa y los segundos nos apoyamos en el humanismo y la ciencia. 
Una discusión proselitista entre ateos y creyentes sería inútil, ninguna de los contertulios podría convencer al otro. Habló de cristianos y ateos, no de otras religiones en las que impera una intolerancia imposible de superar, y aunque me sabe mal decirlo, ante la intolerancia: intolerancia. 
Creyentes y no creyentes sólo pueden sentarse a dialogar sobre los peligros que les amenazan: las sectas que se amparan en pseudo-religiones y pseudo-ciencias. Un peligro para todos aquellos infelices que caen en sus redes y que pueden ver destrozadas sus vidas por estructuras crematísticas dirigidas por líderes dignos de compartir una celda con Hannibal Lester. Creo que creyentes y no creyentes estamos de acuerdo que no podemos permitir estas manipulaciones cerebrales en los seres humanos. 
Francis Spufford olvida en su artículo que los no creyentes ya son casi tantos como los creyentes cristianos. Que existen movimientos humanista y transhumanista y que si esos movimientos son verbalmente agresivos con el cristianismo, es porque se sienten atacados por la Iglesia, que aprovecha su convivencia con determinados gobiernos para imponer leyes que beneficien su poder sin considerar que, esas leyes, afectan a todos los ciudadanos, entre ellos los no creyentes. Por lo que hay que considerar quién es el agresor, y el porqué del rebote de las asociaciones ateas. 
Spufford, en su artículo, es el primero en atacar a Richard Dawkins, a quién acusa de no saber nada sobre religión. Tal vez le sepa mal que Dawkins sea autor de varios bell-sellers como “El espejismo de Dios” o “El gen egoísta”, cosa que por ahora no ha conseguido su libro “Impenitente”. Sépase que Dawkins es también líder del movimiento Transhumanista en el mundo, ganador de muchos premios científicos y fundador de la “Richard Dawkins Fundación para la Razón y la Ciencia”. 
Pienso que el artículo de Spufford, “Queridos ateos…”, empieza con un título engañoso, un artilugio en el que si bien al principio es reconciliador, tiene una última columna llena de reproches y advertidas provocaciones. Nos acusa de carecer de sentimientos convincentes, de hostiles y gratuitas posturas con los creyentes, de ver la religión como una afrenta y una encubierta acusación de proselitismo antirreligioso que compara con la filatelia, donde por cierto hay sellos religiosos y ninguno antirreligioso". (Puede visitar el blog de Blaschke clickando AQUÍ).
Blaschke no es un posteador cualquiera. Como periodista ha sido corresponsal del País, ha redactado unos 60 libros; Premio Nacional de Periodismo en 1982, ha trabajado en Radiofonía, escrito guiones de televisión, colaborado con La Vanguardia, la Rioja, El Correo del Pueblo Vasco, etc., y es además, fundador de la Asociación Catalana Transpersonal. En su biografía, asegura haber estudiado Paleontología y Astronomía y haber participado como Co-director en tres campañas paleontológicas y otras tres de investigación en Tassili, Argelia. De modo que su historial lo reporta como una persona que sabe muchísimo más que el promedio. ¿Entonces...?

Me ha llamado la atención que, al margen de asentir que puede haber un diálogo, este solo puede estar condicionado por la crítica en unísono al accionar de grupos minoritarios. Por ejemplo, cuando afirma que los cristianos y los ateos encontrarían un espacio de diálogo en cuanto a lo peligroso del accionar de las sectas y nada más. El resto de la respuesta es un réplica contra Spufford. Colijo entonces que, el único punto donde los ateos y cristianos podemos coincidir es precisamente, en criticar y accionar contra las sectas destructivas. O sea, nos uniría hipotéticamente, la crítica hacia otros colectivos y nada más. 

Blaschke da la impresión de no tener ganas de charlar en términos amigables con los teístas que difieren sus puntos de vista. Primero afirma que Spufford olvida que los incrédulos son casi tantos como los creyentes cristianos olvidándose también él, tremendo auge del cristianismo protestante en América del Sur y Central donde, en menos  de 20 años, los colectivos evangélicos han alcanzado a millones de personas y adquirido poder político, económico y social en una escala jamás imaginada. 

Segundo, como suele suceder en el ateísmo ibérico, no puede dejar de recordar que su ateísmo es una respuesta a lo que él considera agresividad de parte de la Icar (Iglesia Católica).  Convengamos que la mayoría de los ateos peninsulares sienten un rencor visceral hacia el catolicismo porque, como bien lo explica,  los curas se asocian  a poderes políticos temporales para obtener réditos ninguneando a los demás. Esta visión crítica es compartida incluso, por figuras del protestantismo español. (Ver reportaje a César Vidal clickando AQUÍ).1

Luego, Blaschke se niega a aceptar que el ateísmo sea agresivo y afirma que si lo parece, es porque se está defendiendo de las acusaciones de la Icar. Le recuerda en tono irónico a Spufford, que Dawkins por ejemplo, es un ateo que ha escrito libros muy reconocidos algo que no sucede con otro publicado por Spufford. En este puento, sorprende que un ilustrado como Blaschke ignore adrede que aún existen ejemplos de ateísmo asociados a corrientes políticas que de tolerancia y mansedumbre no tienen ni pizca. Quizás escribió en su blog de apuradas. Luego tal vez, perfeccione su escrito. Habrá que esperar. 

En síntesis, esta más que claro que el diálogo ateo-teísta es una pérdida de tiempo. No puede existir porque el agua y el aceite jamás conseguirán mezclarse a menos que algo los fuerce desde el exterior. Ateos y teístas están condenados a enfrentarse en una lucha épica de gigantes hasta que Cristo llegue y establezca su reinado. Entre tanto, habrá que acostumbrarse a realizar apologética en contra del ateísmo porque es evidente, que estamos frente a una incredulidad que opera como una creencia religiosa. 

(C)Marc Pesaresi.


1. Aquí podría haber otro punto de coincidencia. Criticar a la Icar española por apropiarse de la verdad y por sobre todo, de los fondos gubernamentales que son pagados por todos los habitantes de España, millones de los cuales nada tienen que ver con el catolicismo.

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