miércoles 10 de agosto de 2011

ALMA



Arrobo del Alma
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Marc Pesaresi


Entelequia que organiza y anima los cuerpos

Durante siglos, las personas han creído en la supervivencia del alma después de la muerte, como un principio vital portador de la vida, que si bien habita lo físico, posee capacidad para establecerse en lo espiritual. Desde el punto de vista religioso, el alma siempre ha sido objeto de particulares cuidados de parte de la gente espiritual hasta el extremo de enhebrar creencias tan elaboradas, como lo que postula el cristianismo.

No fue hasta los días de la ilustración y el enciclopedismo francés, que tal  creencia fue puesta en duda por el racionalismo moderno entendiéndose este, como el ejercicio de creencias particulares opuestas al pensar de la Iglesia. Obviamente, no todos descreyeron de su existencia pero, el tema en si genero interesantes polémicas entre los doctores de la iglesia, eruditos del protestantismo y del ateísmo combativo.

El alma según la antropología

Parece ser, dice la antropología contemporánea dependiendo de las creencias personales de cada antropólogo que sesga sus interpretaciones, que la muerte de las personas activó en los que sobrevivían, reacciones psicológicas que procuraron morigerar el impacto de la pérdida, consolándose con la idea de una entidad que abandona el cuerpo convive de modo suprasensible, con quienes sucedieron al mortal. Esta afirmación adolece de falta de muchas  pruebas. Son deducciones, hipótesis, teorías que requerirán más tiempo de recopilación de datos.

Un ejemplo de esta propuesta de explicación, vemos en las momias de la cultura de los  Chinchorros –en el norte de Chile- de unos 8.000 años de antigüedad, cuyos propietarios las depositaban cerca de los fogones donde la vida de esas primitivas gentes discurría en medio de innumerables  dificultades, a fin de que,  los difuntos –se deduce- no solo pudieran supervisar lo que acontecía en el seno familiar, sino también experimentar el amor recordatorio que se les propiciaba.
Momias de la cultura Chinchorro
Las más antiguas del mundo
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Wikimedia Commons 

De esa costumbre de práctica espiritual que se advierten en hombres muchos más primitivos, a la necesidad de un  culto sencillo de honra a  los muertos, hubo una brecha aparentemente pequeña. A medida que el hombre organizaba la vida en función a sus necesidades y lo que ofrecía el entorno geográfico que habitaba, fue complicando ideas y creencias.

Paralelamente,  intereses de reafirmación de identidad de un clan con respecto a otros y con la expansión de las capacidades de organización humana gracias al desarrollo de la tecnología lítica, demandaron comportamientos –rituales- que fungieran como  elementos de cohesión grupal.  

En algún momento los antiguos entendieron que, cuanto más cooperaban entre sí por el bienestar del grupo, mayor posibilidad  de supervivencia individual en un medio ambiente hostil y un modo de ayudarse a entender la existencia sobre la Tierra fue la espiritualidad.

La amalgama de pensamientos discordantes fue resuelta con la obediencia a las almas de los antepasados, a los que tutelaban la vida de una comunidad aportando beneficios como por ejemplo, una buena caza o recolección de alimentos y materiales que se requerían para la existencia y retraso de la muerte.

Obviamente, para salvaguardar la recordación de lo que importaba, fueron comisionados ciertos individuos –tal vez aquellos que parecían tener algún tipo de capacidad de soñar portentos y memorizar plantas y animales medicinales- creándose de este modo, un protosacerdocio de intermediación entre los vivos y los muertos y con el medio ambiente.

Cabe consignar que, la cooperación entre los hombres  aglutinados por ideas compartidas y exteriorizadas por rituales, entregaron -además a los mortales- la posibilidad de retrasar el deceso.  La religión es en definitiva, un modo de prolongar la vida a pesar de la muerte.

Más tarde, la creencia de un alma superadora de la muerte, fue dotándose mediante fertilización de pensamientos, de capacidades interesantes a punto tal, que incluso, se la supuso capaz de ingresar en animales. Una vez establecida esta idea como parte de un bagaje ritual, los mismos animales tuvieron por designación, un alma. En este contexto, el alma no es sino, un invento de la superchería del hombre.

En la Biblia, el primer ritual parece sencillo. El hombre solo tenía que entregar ofrendas a Dios en excelente estado. Caín precisamente, perdió su cordura cuando Dios no miró con agrado una de sus ofrendas. Se infiere en las Escrituras, que la religiosidad al principio, era muy sencilla comparado con lo que vino después.

El alma en la cultura hebrea antigua

La espiritualidad hebrea emplea términos traducidos por espíritu (rúaj), alma (néfesch) y cuerpo (basár).

La rúaj que es "viento" o "espíritu" en hebreo, aliento de la divinidad misma. Cuando Jehová inspiró sobre el hombre su soplo de Vida (Génesis 2:7), éste se convirtió en ser viviente. El hombre vive mientras Jehová no retira su rúaj. (Job 27,3). El término marca fuertemente la relación entre criatura y creador, la dependencia absoluta de ella hacía Él. La Ruaj recibe otros sentidos en la Biblia según los contextos.

La néfesch  significa "garganta", "fauces" (2 Samuel 16:14), "el que respira" (Job 41:13, 20, 21). Néfesch viene de una raíz que significa “respirar”, y en un sentido literal se podría traducir como “un respirador”. Exactamente la misma expresión hebrea que se usa para la creación animal, a saber, néfesch jaiyáh (alma viviente), se aplica a Adán cuando se dice que después que Dios formó al hombre del polvo del suelo y sopló en sus narices el aliento de vida, “el hombre vino a ser alma viviente” (Génesis 2:7.).

En las instrucciones que Dios dio al hombre después de crearlo, utilizó de nuevo el término néfesch para referirse a la creación animal: “Todo lo que se mueve sobre la tierra en que hay vida como alma [literalmente, en lo que hay alma viviente (néfesch)” (Génesis 1:30).

El basár (carne) es un concepto que no se opone a rúaj (soplo) pero se juxtaponen. Una traducción aceptable sería "mi persona", que se puede tocar, experimentar. Cuando Pablo dice: "Vuestros cuerpos son templo del Espíritu (en gr. pnéuma)...(1 Corintios  6:19)" o bien "Ustedes son el templo... (1 Corintios  3:17)" resalta el aspecto experimentable del concepto.

El alma según los antiguos griegos

La concepción del alma empieza a tener importancia con el orfismo. El mítico Homero  recurre a las palabras spsyché y thymós para referirse al alma. Thymós es el alma entendida como fuerza vital, como aquello que vivifica el cuerpo, pero que desaparece tras la muerte de éste. Lo único que parece sobrevivir a la destrucción del cuerpo es la psyché entendida como sombra, imagen, espíritu o fantasma de la persona que tras la muerte del cuerpo habita en el mundo de las sombras, el Hades.
Homero
Según una copia de un original heleno del siglo II aC.
Museo Capitolinos, Roma, Italia
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Los  presocráticos concibieron el alma como el principio vital que determina las actividades de los seres vivos, pero no alcanzaron una comprensión del alma como una realidad independiente del cuerpo, divina e inmortal.

Platón elucubró sobre el tema llegando a considerarla como "encarcelada" o "aprisionada" por el cuerpo. En su obra Timeo explicó que el alma "estaba compuesta por lo idéntico y a la vez, lo diverso". 

De ahí que los filósofos griegos escogieran la palabra Pshyche que significa "soplar". Cuando el hombre muere, el alma se "exhala"-decían- simultáneamente que la vida se marcha. La imaginaron  como un doble del difunto, con alas y de figura antropomorfa cuya residencia después del cuerpo humano, era el hades.

Aristóteles, por el contrario, definió la Psyche como "determinada realización y comprensión de aquello que posee la posibilidad de ser realizado". Con semejante deducción, no es de extrañar que el alma fuera siempre considerada como algo misterioso.

El alma en algunas culturas precolombinas

No existe a la fecha, ninguna cultura descubierta en las tres Américas precolombinas, donde la creencia en el alma o espíritu que sobrevive al cuerpo, no estuviera firmemente arraigada. Todos los pueblos precolombinos pensaban en la vida más allá de la muerte como algo real.
Kinich Jannab Pakal
(603 d C - 683 d C)
Soberano de la ciudad maya de Palenque, Chiapas, México.
La lápida de su magnífica tumba,
Descubierta en 1949 por el arqueólogo Alberto Ruz Lhuillier,
Es la mejor demostración de la creencia de los pueblos precolombinos,
De la existencia de un alma o espíritu,
Que sobrevive a la muerte física.
Aquí, el rey Pakal viaja en un árbol de la vida
(otros piensan que se trata de la representación de un volcán)hacia ultratumba.
Algunos creen ver en esta obra, una representación de un astronauta extraterrestre.
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El alma en las creencias cristianas primitivas

El alma es –precisamente- para los seguidores de Jesús, una parte vital de la perdurabilidad del hombre a punto tal que, lo hecho en la vida sea bueno o malo, repercute en la eternidad después de la expiración afectándola para bien o para mal. Los padres de la Iglesia de los primeros siglos, concibieron que el alma si bien era algo espiritual también era entidad Por eso explicaban: «Dios la hizo pensante y pensante la conservará».

El alma según el satanismo

Dependiendo la cueva” (organización) satanista, el alma existe y es lo que procura satán. De ahí que tienta y provoca dolores para obtener las almas de los seres humanos a fin de llevársela al horrendo futuro que espera a los réprobos en el lago de Fuego, que se menciona en Apocalipsis. Para el satanismo intelectual, el alma es mito.

¿Existe el alma?

No se sabe desde el punto de vista de la ciencia. No obstante, de ella se habla todos los días para bien o para mal. Parece ser, dice la antropología contemporánea, que la muerte de las personas activó en los que sobrevivían, reacciones psicológicas que procuraron morigerar el impacto de la pérdida, consolándose con la idea de una entidad que abandona el cuerpo convive de modo suprasensible, con quienes sucedieron al mortal.

 En el mundo religioso, entre los hindúes –budistas y brahmanes- siempre distinguieron al alma como algo separado del cuerpo físico a tal extremo que es el cuerpo, un pasaje transitorio de la vida del alma. Ambas corrientes místicas aceptan la existencia del alma inmortal.

Los antiguos mesopotámicos y griegos tuvieron una firme creencia en las almas inmortales aunque entre estos últimos aparecieron los primeros discutidores de su inmortalidad. Tal el caso de los estoicos


Zenón de Citio
Chipre
333 a. C. - 264 a. C.
Fundador del Estoicismo
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Sería muy extenso aún resumiendo, bosquejar toda la historia de la creencia en el alma, bastará aquí con afirmar que, en tiempos posteriores a Cristo, los seguidores del Rabí desarrollaron ideas sobre el alma desde los días de los primeros padres de la iglesia.

La Biblia da por descontado que el alma existe. “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1 Tesalonicenses 5: 23). El hombre, creado por Dios a su imagen y semejanza, es un alma que vive en un cuerpo bioeléctrico, a diferencia de los brutos que solo poseen un espíritu. No obstante comparten el hecho que,  al cesar la vida biológica, el cuerpo –sea humano sea animal- va al polvo de la tierra donde se descompone en moléculas y el espíritu que posee regresa a Dios. Pero el alma del hombre –según las Escrituras- perdura indestructible, siendo esta la que despierta el interés de Dios en recuperar de su estado pecaminoso.

Obsérvese el detalle que Cristo vino a dar vida eterna pero no al cuerpo material, sino al alma. Jesús, de haber querido salvar el cuerpo material habría otorgado inmortalidad física, pero en cambio toda su prédica estuvo destinada a la salvación de las almas que dan vida a los seres humanos. No nos salvó de morir físicamente, pero si de perder el alma.

Algún día habría que profundizar sobre este tema tan apasionante, muchas veces dejado de lado por escépticos radicales y religiones de índole racional. A tal extremo llegó su preocupación por la condición del alma que en Lucas 16: 19 - 31 trazó un esbozo simbólico del sufrimiento que experimenta el alma cuando esta abandona el cuerpo sin haber participado de los planes salvíficos divinos.

Muchas veces, al leer este pasaje de las Escrituras, he reflexionado si el alma, al ingresar al cuerpo material, pierde la prístina condición de beatitud que posee frente a la majestuosidad divina –como si padeciera una corrupción de sus sentidos y conocimientos- debiendo ser rescatada por su creador mediante revelaciones, prédicas y toma de decisiones de cualidad íntima. Obviamente, para los materialistas, el alma no existe sino que esta es un montón de átomos que se agrupan en el cerebro del hombre creando un Yo que aparenta tener autonomía.

El Alma en la particular exégesis bíblica de los Testigos de Jehová

“¿Somos los seres humanos tan solo carne y hueso, o hay también en nosotros una parte inmaterial? ¿Pone la muerte fin a nuestra existencia, o hay algo invisible que continúa viviendo separado del cuerpo?” Se preguntan los Testigos de Jehová y responden a continuación con un rotundo no: “Las Escrituras revelan con claridad que el ser humano no tiene un alma, sino que es un alma: esta es la verdadera naturaleza del hombre. Por consiguiente, toda perspectiva de vida después de la muerte depende de la resurrección. La Biblia promete: “No se maravillen de esto, porque viene la hora en que todos los que están en las tumbas conmemorativas oirán [la] voz [de Jesús] y saldrán, los que hicieron cosas buenas a una resurrección de vida, los que practicaron cosas viles a una resurrección de juicio” (Juan 5:28, 29). Es en esta confiable promesa —y no en la doctrina de la inmortalidad del alma— donde radica la verdadera esperanza para los difuntos”.

¿Qué respondemos a esta afirmación?

En primer lugar, deseo aclarar que la toma de este ejemplo no es para menoscabar las ideas religiosas de un grupo en particular, sino para ilustrar la oposición que existe acerca de la existencia del alma inmortal.

La palabra alma, en las Escrituras, posee varios significados, tal como por ejemplo en castellano, posee el vocablo guarda. (Guarda, en Argentina es el picaboletos en un  tren; ¡Guarda! como grito de advertencia ante un peligro y  Guarda este libro, en el sentido de depositar algo en algún lugar). Por el contexto y la acentuación, se identifica que significado darle a la palabra cada vez que se la pronuncia.

Alma o Nefesh aparece unas 754 veces en el Antiguo Testamento, lo cuál da una idea del uso que se le daba a la palabra. En su primera cita Alma significa “lo que tiene vida” (Gn. 2:7) y corresponde utilizarla tanto para animales como personas. (Ver: Gn. 1:20; 24,30 La sangre también es identificada como el alma de un ser vivo en Gn. 9:4; Lv. 17:10-14 y Dt. 12:22-24).

Sin embargo, en Génesis 1:26 el hombre adquiere cierta distinción con respecto a las demás “almas vivientes” por ser creado a imagen y semejanza de su  Creador. Y es este detalle en particular que los interpretadores de la WatchTower pasan por alto. Se observa una variedad interpretativa en esta visión del alma. Queda claro que en la Biblia, alma es tanto un ser viviente como una entidad espiritual invisible a los ojos del hombre.

La Biblia cuando declara que la palabra de Dios penetra “hasta partir el alma y  el espíritu” (He 4:12) y cuando Pablo el apóstol ruega para que todo el ser “espíritu, alma y cuerpo” de los creyentes sea preservado irreprensible, establece por fin, una división psicológica de la parte inmaterial de la naturaleza humana. A partir de aquí el cristianismo establece que hay en los cuerpos espacios de existencias diferentes agrupados en lo que se llama Ser.

Para los antiguos griegos, el alma era una variedad de fantasma, una sombra que se asemejaba al cuerpo  y llamaban Eidolon. Para Homero, el cuerpo subsiste después de la muerte en estado de forma pero sin sustancia. Para su entender, el alma era una sombra que sobrevivía al deceso y vagaba los espacios yermos sin gozar de bienaventuranzas o padecer castigos infernales. 


Los filósofos presocráticos discutieron sobre el alma, algunos relacionándola con el cuerpo, al pensarla como principio de vida y otros en representaciones más dualistas al reflexionarla divina e inmortal; este parece ser el caso de Empédocles.

El pensamiento griego sobre el alma se llenaría de complejidad, transmitiendo al mundo la primera elaborada imagen del infierno, hades o tártaro. Posteriormente, se fueron separando los buenos de los muertos, habitando algunas almas beatas en los Elíseos y las réprobas en el Tártaro, un tenebroso lugar situado según las creencias, en las profundidades de la Tierra.

Los Testigos de Jehová, en su aversión por el pensamiento griego, fuerzan la interpretación de las Escrituras apunto tal, que han establecido que después de la muerte, no hay absolutamente nada. En  este nivel, sus creencias han llegado a semejarse a la de cualquier buen materialista que cree solo lo que ve.

Pero ¿por qué se identifica en la Biblia  a la sangre con el alma?  Según  Génesis 9:4 la sangre es alma o vida y Levítico 17:11 declara que, en la sangre está el alma. ¿Acaso la Biblia enseña donde reside el alma? No. Estamos en presencia de una metáfora. 

Estos pasajes se tienen que interpretar en función de la circulación de la sangre.  A diferencia de los vegetales que no la tienen, en los seres vivos se mueve facilitando así, la vida mediante la respiración, que es la característica distintiva del hombre y de los animales. La sangre permite “respirar” y vivir mediante el acarreo de nutrientes y oxígeno por una intrincada red de tuberías hasta la última célula del cuerpo. 

En concreto, lo que los antiguos hebreos decían era que, la  sangre es portadora del alma, o sea, la respiración. Impresionante ¿verdad? ¿Quiénes les enseñó tal cosa? Sin duda que estamos en presencia de un precioso ejemplo de revelación de parte de Dios.

 ¿Dónde se encuentra el alma?

Si para el cristiano es un misterio donde radica el alma, imagine el lector, que fácil es para el escéptico negar su existencia. 

Aún así, algunos hombres de ciencia creyeron que se la podría hallar en la mente de las personas. A principios de los años noventa, el premio Nobel británico Francis Crick –quien en 1953 descubriera conjuntamente con James Watson la estructura molecular del ADN- anunció que se encontraba investigando donde podría ubicarse el alma dentro de nuestro cuerpo. A pesar que el alma es algo difícil de hallar –hay religiones que postulan que no existe y otras, la identifican con el cuerpo carnal- Crick no se amilanó sino que se abocó a su tarea creando con tal acción, un ambiente de controversia.
 Francis Crick
8 de junio 1916 - 28 de julio 2004
Biólogo molecular y neuro científico británico
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Crick –un reconocido activista a favor del consumo de drogas que afirmó que se le ocurrió la estructura de la doble hélice del ADN cuando estaba drogado con LSD- a principios de 1994, contactó desde su ámbito en el Instituto Salk, San Diego, Estados Unidos en una suerte de campaña proselitista, unos 300 científicos, para sugerirles la importancia de buscar en algún lugar de nuestro cerebro, la cuna en la cual, reside el alma. Por entonces calificó tal búsqueda, como uno de los retos más apasionantes para la neurociencia.

Obviamente, muchos de los convocados no aceptaron hablar de estudio del alma sino, de trabajos de experimentación con los mecanismos neurofisiológicos. A pesar del prestigio de Crick, no todos aceptaron la propuesta reduccionista  por ser partidarios del dualismo.

Sir John Eccles –neurofisiólogo australiano ganador de un premio Nobel y amigo de Karl Popper- siempre sostuvo la idea que lo mental y lo físico son dos mundos completamente diferentes y constituyó un adversario muy persistente de todos los intentos por averiguar si el alma residía en alguna parte del cerebro. Crick se mofaba de Eccles calificando esta postura como “el fantasma dentro de la máquina”.
Sir John Eccles 
(1903-1997)
 A la derecha, en 1993
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En esta búsqueda, pronto separó la polémica a los reduccionistas. Así el fisiólogo y premio Nobel Gerald Edelman a mediados de los años 90 declaró que en su opinión, tenía resuelto el problema de la conciencia. Para el, esta es el resultado de un mecanismo que denomino darwinismo neuronal a través del cual agrupaciones de neuronas compiten entre ellas para dar lugar a la formación de una imagen coherente del mundo. Crick no acepto este postulado castigando a Edelman con la acusación de ser poco original y de reflotar viejas ideas a las cuales presentaba como nueva empleando jerga complicada. 
 Gerald Edelman
Neurobiólogo
Ganó el premio Nobel en el 1972
Por sus trabajos sobre el sistema inmunitario
Para Edelman existen dos tipos de conciencia.
Una primaria y otra superior. 

Recuerdo, para cerrar este capítulo, las palabras del fisiólogo Francisco J. Rubia quién, durante una conferencia en la Real Academia Nacional de Medicina de España, el 12 de enero de 2010, refirió a la conciencia, problema idéntico al que supone la existencia del alma:  El dualismo que subyace a algunas de las teorías sobre la consciencia plantea una cuestión importante, a saber cómo superarlo, ya que a lo largo de la historia de la filosofía este dualismo no ha podido aclarar cómo es posible que un ente inmaterial pueda interaccionar con la materia que es el cerebro. Por tanto, entiendo que la superación de esta visión dualista ha ayudado mucho a la neurociencia para plantearse el estudio de las funciones mentales, considerando éstas el producto de la actividad cerebral”.
Francisco Rubia
Neurofisiólogo español
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Para Rubia parece imposible lo inmaterial interactuando con lo material, porque no se puede encontrar el vínculo entre una cosa y otra. Sin duda, la complejidad de la obra de Dios, supera con creces en muchas áreas, todo los intentos del hombre por averiguar más y mejor.

Creer en el alma es cuestión de fe. No se sabe desde el punto de vista de la ciencia si existe o no. No obstante, de ella se habla todos los días para bien o para mal. Dependiendo del grado de creencias de cada uno de nosotros, sí y no. Como cristiano, no reniego de la existencia del alma precisamente porque Cristo vino a salvar estas entidades. Pero si yo fuera un materialista, no dudaría en negar que existe, basado en los últimos adelantos del la neurociencia. Queda al arbitrio de cada uno, creer por el sí o por el no.

(c) Marc Pesaresi