viernes, 3 de julio de 2015

JUGAR A SER DIOSES



Los tiempos del Creador 
no siempre coinciden con los nuestros


Por 
Carolina Alfaro




Venga tu reino. Hágase tu voluntad, 
como en el cielo, 
así también en la tierra.
Mateo 6: 10 

La frase de la introducción parece hecha. ¿Cúantas veces la hemos oído? Pero en verdad que sucede así. La voluntad de Dios para nuestras vidas no corre con nuestra prisa sino con sus propósitos que a veces, no entendemos. Hay un tiempo para todo, dice la Biblia en Eclesiastés 3, pero a nosotros se nos dificulta aceptarlo.

Una gran muestra de obediencia a Dios es, precisamente, esperar que haga su voluntad en nosotros. La paciencia es en cierto modo, obedecer los designios de su voluntad. Pero, mientras estamos esperamos u obramos según el parecer y querer de nuestro Señor,  nuestra tolerancia puede ser probada al límite cuando encontramos gente que presumen ser pequeños dioses o bien, alguno que juega  (actúa) queriendo ser como Dios.

Como  he escrito con anterioridad en este blog, he debido superar diversos tipos de pruebas  y si aún estoy  testificando, es muestra que a pesar de que no entienda el propósito de algunas de ellas, mi obediencia me permite proseguir adelante.

Quizás tú estés pasando lo mismo. De pronto conoces a alguien que se entroniza en tu empleo, en tu vida y te hace las mil y unas. Este tipo de personajes son muy habituales en empresas, corporaciones, instituciones. En verdad, son insufribles y parecen como aferrados por fuerzas sobrenaturales a sus cargos que utilizan, para ejercer poderío personal.

Recientemente, con la idea de querer dar un paso más hacia el progreso -quiero mejorar en mi vida dicho laboral- he buscado un sin fin de maneras de cambiar  lo que hago rutinariamente pero me he encontrado con muchas personas que en mi vida juegan a ser Dios. Se oponen a toda sugerencia que realizo o solicito y de repente, como que me juzgan inoportuna.  

Hace unas semanas que vengo sufriendo esta situación; quiero salir de lo que me molesta y por más esfuerzos que haga para motivar un cambio, siempre alguien que se opone –rotundamente- a que yo pueda mejorar, avanzar. Incluso alguien me dijo con firmeza: “yo no quiero que se haga tal cosa”cuando propuse algunas mejoras.

He pensado mucho en estas hechos que incluso, les sucede a otras personas cristianas y no logro en ocaciones comprender si estos individuos son obstáculos puestos por el enemigo de los hijos de Dios, cuya presencia la Deidad  tolera para probar paciencia. A veces veo todo esto como la llegada de una prueba más y otras como una injusticia.  

Saben, de repente se me ocurre si estas personas, además de ser utilizadas para fomentar la paciencia en mí son además, una variedad de espejo en donde me veo reflejada. Piensen: ellos hacen su voluntad como si de dioses olímpicos se tratara y bien digo dioses griegos porque la voluntad humana es caprichosa como los dioses antiguos. Y yo confronto con estas voluntades que se me oponen al ejercitar mi propia voluntad. En resumen, ellos hacen la suya y yo al querer hacer la mía, viene el choque y en este menester, como dioses imponiendo sus criterios, me envuelvo en una lucha para obtener lo que Dios no quiere para mí. Porque he de sincerarme: no siempre lo que quiero hacer es lo que Dios quiere que haga.

Por momentos percibo que, si  alguna persona me dice: -bueno te doy la oportunidad que vayas a donde tú quieres, pero luego de transcurridas algunas horas rectifica con el argumento de que no quiere o no puede, la frustración que siento se magnifica en el error de pretender hacer algo que Dios no tiene destinado para mí.  

Todo esto me lleva a vivir situaciones hasta al punto de no lograr comprender que es lo que pasa; el error incluso me motiva a ver personas como obstáculos a superar cuando quizás Dios obró para pulir la paciencia permitiendo que ellos hagan oposición. En estas situaciones tan confusas y desgastantes en lo emocional, solo le pido a Dios  sabiduría con el fin de gestionar mi realidad  y por sobre todas las cosas, para aprender a esperar los tiempo de Dios.

Porqué con sabiamente dice la Escritura en Eclesiastés 3, hay un tiempo para todo y ese tiempo llegará indefectiblemente si la voluntad del Padre lo ha determinado y aprobado. Pensemos siempre al querer hacer algo, si este “algo”  es la voluntad de Dios o no;  y si no conseguimos  lo que queremos, no sigamos jugando a ser dioses o Dios mismo, confrontando con otros en una lucha por obtener lo que pensamos son beneficios y privilegios: seamos pacientes, porque por adelantar un proceso, podemos llegar  al fracaso y luego vendrá el dolor, la culpa, el arrepentimiento. No abramos puertas a los demonios para que estos puedan entrar y amargarnos la existencia.

Recordemos en situaciones como esta, lo que sucedió a los israelitas camino a la Tierra Prometida. Se impacientaron, se quejaron haciendo enojar incluso  al mismo Moisés, el más grande de los profetas que jamás ha existido sobre la faz de la Tierra. De haber obedecido a Dios, habrían llegado más rápido a la tierra donde fluía “leche y miel” pero la impaciencia les fue en contra al ser bien manipulada y capacitada por satanás, quien con sus artimañas, logró frenar por un tiempo, los planes de Dios.

¿Qué provecho saca quien trabaja, de tanto afanarse? He visto la tarea que Dios ha impuesto al género humano para abrumarlo con ella. Dios hizo todo hermoso en su momento, y puso en la mente humana el sentido del tiempo, aun cuando el hombre no alcanza a comprender la obra que Dios realiza de principio a fin.

Yo sé que nada hay mejor para el hombre que alegrarse y hacer el bien mientras viva;  y sé también que es un don de Dios que el hombre coma o beba, y disfrute de todos sus afanes. Sé además que todo lo que Dios ha hecho permanece para siempre; que no hay nada que añadirle ni quitarle; y que Dios lo hizo así para que se le tema. 

Eclesiastés3:9-12

Que Dios, nuestro Padre, nos de en Cristo
 y con el Espíritu Santo, el consuelo de la paciencia,
mientras esperamos su voluntad.

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