lunes, 19 de enero de 2015

LAS ÁGUILAS NO VUELAN CON LAS PALOMAS


En un muro de Facebook, alguien escribió
"Tenemos que ser cuidadosos con las personas que elegimos amistar"
Y añadía:
"Las águilas nunca vuelan junto a las palomas"




La frase encierra una gran verdad. Mi trabajo actual se desenvuelve en las calles. Estoy en contacto día a día, con gente realmente marginal. Hippies, drogos, rateros, vagabundos empobrecidos, sobrevivientes a base de vender cualquier cosa, gente que le gusta beber y fumar marihuana y andar sin bañarse, rastas y tatuajes. 

Cada tarde que asumo mi tarea de patrullar mi sector -controlar la actividad de los artistas callejeros- encomiendo a Dios el control no solo de mi vida sino la de todos los que me tocará aplicar la ley. No es un trabajo para cualquiera: la ley dice una cosa, la interpretación otra y la aplicación es diferente. Cada vez que voy a impedir una actuación por ilegal nunca se como va a reaccionar la persona cuyo pan se lo gana con lo que hace.

Por lo general, trabajo gestionando oportunidades. En vez de ahogarlos impidiéndole ganarse el día, los muevo de un lugar a otro indicándoles donde pueden estar mejor sin que ningún inspector de comercio o representante de Cultura Municipal los fastidie. La mayoría de ellos acatan las sugerencias y en un rato levantan sus cosas y se van.

Pero he visto compañeros que van al choque y en su afán por aplicar a rajatabla el reglamento sin darles a los infractores un tiempo de aceptación a las normativas, se meten en problemas porque todo autoritarismo despierta reacción. Se tiene que tener firmeza pero sin tensar demasiado la cuerda. El diálogo me ha enseñado la vida, es la mejor forma de aplicar autoridad. Luego de dialogar, si persiste el problema entonces sí, aplico lo riguroso de la ley. Hay que tener sabiduría, tacto y sobre todo, capacidad para resolver problemas de inmediato.

Podría quejarme a Dios diciéndole: -Te pedí un trabajo ¿y me enviaste con estos? Pero Dios sabe lo que hace así que, agradeciendo lo que tengo, enfrento las circunstancias.

He visto mucha miseria humana -mucha de esta gente viven ambulando, durmiendo por allí, comiendo restos, viviendo de lo que consiguen con sus artesanías o peticiones- pero también dentro de esta gente, reluce el amor y la bondad y no todos están del lado del mal como uno puede llegar a prejuzgar. No todos estos individuos son malas personas.

Dios ha querido que vea un mundo nuevo y estoy agradecido porque todo lo que vivo lo tomo como enseñanza. El día de mañana, cuando hable de las necesidades de las personas, lo haré sabiendo de lo que hablo y por leerlo en libros, revistas o websites. Yo vivo lo que cuento más tarde. ¿Debo amistar estas personas? Dependerá de su conducta. Uno sí puede seleccionar sus amistades pero no puede seleccionar a la hora de compartir la buena nueva del evangelio.

Lo más llamativo para mi, es que Dios ama a estas personas. Dios no los mira con desprecio sino que está constantemente llamando al perdido. Dios los mira con ojos de justicia. ¿Has leído las bienaventuranzas?

Entre marginales este pasaje grandioso de las Escrituras se magnifica enormemente y uno llega a entender ciento por ciento lo que Cristo quiso decir. Esta gente lo necesita todo. Pero su estilo de vida los ha transformado en desconfiados, engañosos, complicados. Pero Dios, insisto, no quiere que nadie se pierda, ni siquiera uno de estos que van de un lado a otro del mundo, vendiendo lo que pueden. Quien sabe las razones, por las cuales, escogieron este modo de vida...

Ciertamente, las águilas no vuelan con las palomas y nosotros debemos tener la astucia de la serpiente y la sencillez de la paloma mientras el Espíritu Santo nos protege de los depredadores. 







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