sábado, 24 de octubre de 2015

LA LLEGADA DEL ESPÍRITU SANTO








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Por
Carolina Alfaro



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No hace mucho, una cristiana; con más de 12 años de haber aceptado a Cristo como su único Salvador; me preguntó: - ¿Qué es El Espíritu Santo? 

Créanme, me quede sin palabras, sin respuestas, como a veces se dice, en silencio sepulcral.  La mujer llevaba tantos años en la fe y desconocía todo sobre el Espíritu. Pero ¿qué esta pasando aquí? me pregunté. Atiné a hablar sobre mi experiencia con el Espíritu Santo. No había donde hablábamos, ningúna otra ayuda para recurrir -ni libros ni videos- excepto la conversación.

En resúmen le dije:  "Al convertirnos a Cristo muchos no logramos concebir este concepto; sentimos -sí- emoción y deseo de estar en comunión a diario con Dios pero a muchos nos cuesta  asumir que una serie de eventos nos van sucediendo;  no logramos entender bien que nos esta pasando. Es entonces cuando comenzamos a preguntar y al hacerlo, ingresamos en una  búsqueda de respuestas. Afortunadamente, viene en nuestro auxilio nada menos que  El Espíritu Santo. Pero ¿quién es el Espíritu? Los cristianos lo llamamos la Tercera Persona de la Trinidad y otras religiones controversiales, como Testigos de Jehová (ahora JW Org), una fuerza activa que funciona de modo análogo a la electricidad".

La llegada del Espíritu Santo

Según vemos en el Antiguo Testamento, el Espíritu venía por un tiempo y luego se marchaba de la persona. Esto se ve clarísimo en las hazañas de Sansón. En  Jueces 14:6, Sansón viajaba con su padre y su madre hacia Timnat (un poblado ubicado en la frontera de Judá, no lejos de Bet-semes, probablemente situada en una zona montañosa a 25 km., del Jerusalém actual), en busca de una mujer filistea que deseaba como esposa. Al llegar a un sitio que había viñas (viñedos) aparentemente decidieron hacer un alto en el camino para resposar. 

Aparentemente por lo que dice la Biblia, Sansón estaba algo apartado de su familia cuando en eso ve venir embistiendo a un león jóven rugiendo. La Escritura dice que el Espíritu de Jehová (de Dios) vino sobre él y dándole fuerzas sobre humanas, enfrentó a la bestia y la venció en combate manos contra garras. En Jueces 14:19 sucede lo mismo: el Espíritu de Jehová viene hacia él dando a entender al lector, que en esos días, no había morada permanente del Espíritu Santo en los hombres sino que iba y venía. (Lecturas adicionales: Jueces 15:14-20 y Jueces 16:28).

En el Nuevo Testamento el Espíritu Santo es prometido por Cristo. Leemos en Juan 14:16 "Yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros siempre". (Objeción: el versículo 17 dice que "mora en vosotros" -refiriéndose a los Apóstoles, por lo imposible que el Espíritu venga sino que ya estaba.) Respuesta: Este pasaje debe entenderse como "morada temporal" de lo contrario no diría el mismo pasaje a continuación "estará con vosotros". El versículo 16 del capítulo 14 de Juan dice que, el "Consolador, el Espíritu Santo, a quién  el Padre enviará en mi nombre"  enseñará todas las cosas. 

¿Cuando llegó el  Espíritu Santo?

El relato de la llegada del Espíritu a los creyentes durante Pentecostés (1) es precedido por una introducción a cargo del médico Lucas quien escribe a Teófilo en los siguientes términos:


1  En el primer tratado, oh Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar,

2 hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido;

3 a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios.

4 Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí.

5 Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo(C) dentro de no muchos días. (Hechos 1:1-5 RVR 1960).

Luego la Palabra de Dios añade en Hechos 2:1-13 RVR 1960.

1 Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos.

¿Cuántos seguidores de Jesús había en Jerusalén? ¿100, 200, 300? Evidentemente era una comunidad pequeña pero lo suficientemente conocida por eventos recientes. Las predicaciones de Jesús, sus milagros, sus controversias y enseñanzas, su enfrentamiento pacífico con las autoridades y su muerte y resurrección, habían convencido a muchos judíos que Cristo era el Mesías que habría de venir. 

2 Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados;

Un un ruido imprevisto resuena en el cielo "como de viento fuerte". Quienes vivimos en áreas de vientos sabemos el ruido que provocan. El ruido también pudo agigantarse mientras la fuerza del soplido arrojaba por tierra en las calles, tiendas, estanterías de mercaderes; las copas de los árboles agitándose, algunos animales reaccionando, la gente refugiándose. Este viento no era natural, es decir, provocado por la meteorología local sino algo sobrenatural. La casa donde se reunían los seguidores de Cristo; aún no eran conocidos como cristianos; tendría seguramente puertas y ventanas abiertas porque se nos dice que el estampido resonó con fuerza en todas las habitaciones (Versión Dios habla Hoy) y una ráfaga de viento les dio de lleno.

3 y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.

Un evento estrictamente sobrenatural. Lenguas de fuego. Así informaron los testigos que presenciaron el hecho; o sea, llamas ondulantes, de color similar al fuego natural que de repente bajaron y se asentaron sobre cada uno de los que habían creído. Dios habla Hoy dice que eran llamas que se repartieron -subdividieron- para asentarse -introducirse- en cada uno de los que allí había. NVI dice algo similar. 

4 Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.

En ese mismo momento, el Espíritu Santo ingresa en los hermanos congregados y de inmediato comienzan todos ellos a hablar en lenguas, según el lenguaje que el Espíritu les inspiraba. Estas lenguas eran sin duda alguna, lenguajes formales  y no, el "lenguaje angelical" que suelen hablar algunos pastores y pastoras en iglesias, sin que  nadie traduzca lo que están diciendo. 

5 Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo.

6 Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua.

Detalle importante: les oían hablar en sus propias lenguas. No eran lenguas angelicales como pregonan algunos sino, idiomas formales que otros podían entender. 

7 Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan?

¿Se imaginan que de pronto, en la iglesia, los hermanos comienzan a hablar en inglés, alemán, ruso, chino, japonés, portugués, mapudungúm, guaraní, o cualquier otro lenguaje que los hombres hablan en la Tierra sin haber estudiado? ¿No estaríamos asombrados de ver a quienes nunca hablaron otro idioma hablar lenguajes extranjeros? Estas personas no estaban hablando en lenguas de "ángeles" sino idiomas que otros podrían entender. 

El don de  hablar lenguas o idiomas fue necesario para poder predicar a las personas extranjeras. Como todavía no existía ni la Biblia tal como la conocemos, era necesario profetizar -Dios comunicaba así sus directivas- y hablar otros idiomas para facilitar la predicación. 

8 ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?

Asombro entre los presentes que no habían aceptado al Señor Jesús. ¿No son galileos los que allí hablan? ¿Cómo es que hablan en nuestro propio idioma? Se preguntaban unos con otros. Que dijeran "galileos" indica que la mayoría de los presentes eran oriundos del norte de Israel y que habrían bajado siguiendo las prédicas del Mesías o bien, parientes y amigos de los apóstoles. También era un modo de llamar a los seguidores de Cristo. 

9 Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia, 10 en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de Africa más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos, 11 cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.

Había entre los presentes, personas judías de nacimiento y prosélitos, es decir, conversos al judaísmo. Personas que habían llegado desde más de 1500 km de distancia en algunos casos como por ejemplo, los que provenían desde "más allá de Cirene" actual Libia y los Elamitas, actual Kurdistán iraní a igual Partos y Medos que provenían más allá de la Mesopotamia, actual Irak. Todas estas personas podían oír a los hermanos hablar en sus propios lenguajes y dialectos sin que nadie necesitara intérprete.

12 Y estaban todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto?

Como no eran seguidores de Jesús, muchos de ellos se preguntaban que cosa era esta maravilla que presenciaban. Probablemente los judíos letrados no pudieron ignorar que esto venía de parte de Jehová. Los paganos de visita pensarían que "los dioses" estaban realizando alguna manifestación supranatural.

13 Mas otros, burlándose, decían: Están llenos de mosto.

Siempre hubo escépticos. Nunca han dejado de existir. Se les nota desde lejos por su burla constante, la risita socarrona, el aire de superioridad, ese orgullo intelectual que les hace creer que "lo saben todo". Probablemente los ateos Sam Harris, Richard Dawkins y muchos más, como Stephen Hawking, de haber estado presente, habrían gritado: -¡Déjen de beber! Llama la atención que dijeran que parecían estar viendo borrachos. Supongo que, al hablar los hermanos en varios lenguajes, no todos los presentes podían entender tanta glosolalia sino solo los idiomas que conocían. De ahí que mucho de lo que dijeron los hermanos parecía provenir de una incoherencia propia de una borrachera a full.

Algo más sobre el Espíritu

Miramos en televisión todos los días, en programas cristianos la  experiencia donde un pastor  toca a una persona y ésta  cae al suelo y al preguntar que sucede, afirman que ha recibido el toque del Espíritu Santo, o vemos a alguien emocionado y testificando en nuestras iglesias y gritan los hermanos"el Espíritu lo ha tomado". Cuando oí esta frase por primera vez me quede perpleja. ¿Cómo puede tomar el Espíritu a alguien si este vive dentro del creyente ni bien este acepta a Cristo como Señor y Salvador? (Quiero evitar en este post, la polémica sobre si el Espíritu Santo bautiza o no. Será tema de otra ocasión ya que requiere de profundidad que aquí, por la brevedad, no puedo proveer).

Muchas veces he topado con gente que me pregunta: ¿Fuiste bautizada por el Espíritu Santo? Cuando les respondo que tengo al Espíritu desde el día que me convertí, me miran como si fuera "otra cosa", como que todavía "me falta algo" para ser cristiana completa. Ciertamente siempre se nos ha enseñado que somos bautizados "en el Espíritu o con el Espíritu" y no "por el Espíritu". Quiero recordarles a algunos hermanos que, entre los hijos de Dios, no hay habitantes del Reino de primera y de segunda categoría. Aunque yo no haya sido bautizada por el ESpíritu Santo si se que me he convertido y que acepté a Cristo como Salvador de mi vida. Por lo tanto, soy tan hija de Dios nacida de nuevo como cualquiera que haya hecho lo mismo.

Vemos muchísima gente que concurre a las iglesias solo para recibir experiencias emotivas y al recibirlas, gritar "así obra el Espirita" pero, no preguntan casi nada o bien, no le enseñan  mucho sobre el sustento teológico de esta creencia, ni tampoco  explican lo suficiente sobre vida y obra del Espíritu en las Escrituras;  creo que deberíamos mejorar esta actividad con más teología nacida de la sanas interpretaciones de la Biblia. No sugiero que se abandone la alabanza, solo pido que se eduque más y mejor al cristiano para que este pueda   saber más y mejor.

Para finalizar

Vamos a la Palabra de Dios. 1ª Corintios 3:16 dice: ¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? 

Notemos la palabra “mora” es algo que permanece en nosotros de forma habitual, en si, una vez recibimos a Cristo como nuestro Salvador, somos bautizados con su Santo Espíritu y permanece con nosotros hasta que Cristo venga por nosotros, esto implica que nunca saldrá de nuestro cuerpo, permanece dentro nuestro. ¿Cómo es que te toma a cada rato? Caramba, ya no estamos en los días del Antiguo Testamento. El Espíritu Santo no entra y sale a cada momento de nosotros. Vive con nostros dentro nuestro. Sin embargo, cada tanto uno se topa con gente que grita "el Espíritu me ha tomado" cuando en realidad deberían decir: -¡Siento al Espíritu Santo dentro de mí!

El Espíritu Santo ingresa en el ser humano cuando este hace profesión de fe y acepta  a Cristo como Señor y Salvador.   El Espíritu Santo es una persona, alguien que fue enviado precisamente, para darte todo tipo de ayuda espiritual para vivir la vida que te resta de cristiano como Dios manda. 

En mi experiencia personal, recuerdo haberle dicho a la mujer: "El Espíritu Santo es mi guía, quien me da discernimiento entre el bien y el mal;  lo que es pecado, lo que va contra mi manual de vida; me alecciona y me convence para dejar  malos hábitos; me quitó de la conciencia el peso de la condenación al convencerme que Cristo al morir por mi en la Cruz me dio la oportunidad de tener una nueva vida empezando de cero; en mi vida anterior  estaba tan arraigado el pecado que lo daba por normal y vivía haciendo lo malo; el Espíritu además, cuida mi santidad y fomenta el deseo de querer conocer mas a Dios, de meditar en su palabra de día y de noche; me da la chance de entender su palabra, pues sin el Espíritu Santo difícilmente podríamos saber más de Dios. 

También me hace sentir un anhelo profundo de hablar de Dios a las demás personas; además me provoca emotividad que antes no sentía, me ha hecho sensible a la maldad al darme a  entender que  el sacrificio de amor que Jesucristo hizo por nosotros en la cruz es de un valor que no podemos apreciar aún en su magnitud y como si todo esto fuera poco, me induce a la emotividad, a  llorar de felicidad cada vez que recibo bendiciones, como cuando pienso en la salvación, porque hemos sido salvos por su amor. Todo estos y mucho mas es la voz del  Espíritu Santo".

Confío en mi Señor que los que lean este breve artículo, sea para su edificación, así como yo un dia buscaba con hambre el saber que era El Espíritu Santo, es mi pequeño testimonio al respecto. Dios les bendiga en sobreabundancia y que la paz del Señor guarde siempre sus corazones y sus mentes. 


Un estudio sobre el Espíritu Santo
Para saber más, click AQUÍ

 Hodges, Charles
Teología Sistemática
El Espíritu Santo
Para acceder, click AQUÍ

Foto portada
Gentileza
Marc Pesaresi
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1. A los 50 días de la Pascua, los judíos celebraban la fiesta de las siete semanas (Ex 34:22) que era una festividad agrícola. Era un día de regocijo y de acción de gracias (Ex 23:16), en que se ofrecían las primicias de lo producido por la tierra. Más tarde, esta celebración abarcó además, la conmemoración de la Alianza del Sinaí entre Dios y su pueblo, realizada unos cincuenta días después de la salida de Egipto.

No hay registros de la celebración de esta fiesta en el siglo I con connotaciones cristianas. Evidentemente, los primeros hermanos aún no estaban lo suficientemente organizados como para establecer fechas de festividades, celebrando únicamente, la Santa Cena. Los judíos, como siempre lo hacían, continuaron celebrándola.

Las primeras referencias que tenemos de las celebraciones de Pentecostés entre los cristianos provienen de los escritos de  Ireneo, Tertuliano y Orígenes, a fines del siglo II y principios del siglo III. Ya en el siglo IV hay testimonios de que en las grandes Iglesias de Constantinopla, Roma y Milán, así como en la Península Ibérica, se festejaba el último día de la cincuentena pascual.
En las Iglesias ortodoxas existe además la celebración de las Tres Divinas Personas o de la Santa Trinidad. Las Iglesias occidentales celebran para esta ocasión desde el siglo XIV su propia fiesta llamada Trinitatis (la fiesta de la Santísima Trinidad) una semana después del Pentecostés.

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