viernes, 18 de febrero de 2011

SCI FI y DIVINIDADES (Ensayo)


En la serie Battlestar Galactica (Reimaginada - 2004) algunas variantes de robots Cylones, son indistinguibles de los humanos que los crearon. (1)

Cylons femeninos 
SEIS, TRES Y OCHO

Como máquinas pensantes llevan dentro –a igual que sus inventores- un código ético basado en fundamentos de una religión; Pero, difieren de los humanos, que estos poseen una religiosidad politeísta y ellos monoteísta.  “Los cylons creen que Dios creó a los humanos, y como éstos crearon a los cylons, Dios es el creador de todo; además creen que la Deidad tiene un plan para el Universo y todas sus criaturas, y que la misión de todo ser viviente es servir de instrumento de ese plan divino y cumplir la voluntad del creador”. (Wikipedia).
Battlestar Galactica 
(1978 - 1980)

Battlestar Galactica 
(Reimaginada 2003 - 2009)

Entonces, si tanto humanos como cylons provienen del mismo Dios ¿por qué estos robots tan especializados asesinan sin piedad a sus creadores? Simple: para librar al Universo de una especie corrupta y violenta.

¿Cuántas veces la historia humana recopila ejemplos como este? (Basta recordar la Guerra de los Treinta Años en Europa (1618-1648) que si bien comenzó por cuestiones religiosa, acabó transformándose en guerra por el control de todo el continente).

Dado que los hombres están corruptos y son incapaces restaurar el bien en la sociedad, razonan los cylons, conviene exterminarlos para el bien común. Los robots se han atareados en una limpieza étnica, motivada por prejuicios religiosos.

La paradoja de esta guerra, es que los Cylons a pesar de su religiosidad practican, para lograr sus metas, la amoralidad. En concreto, toda acción se justifica, si esta ayuda a conseguir lo que se proponen.
La astronave Galáctica 
defendiéndose de un ataque Cylon

Discusiones modernas en boca de alienígenos

Hace ya mucho tiempo que se sabe que la ciencia ficción ha dejado de ser pasatiempo para adolescentes, para transformarse en un vehículo portador de todo tipo de planteamientos controversiales.

Tomemos por ejemplo, el capítulo Death Wish (2 da Temporada, 19 febrero 1996) de la serie Star Trek Voyaguer, donde un ser de la especie alienígena Continuum Q (interpretado por Gerrit Graham ) desea suicidarse. Seguramente la moral permisiva del universo donde transcurre la serie, no tendría objeciones a la hora de permitir un suicido. Pero este caso es especial: los Q son inmortales y cuando uno de ellos muere, crea paradojas y alteraciones significativas en el ámbito donde ellos residen.

Para impedir que se mate, el Continuum envía a otro Q, interpretado por John de Lancie quién procura impedir el suicido con el argumento que tal hecho, crearía tal caos en el mundo ordenado y disciplinado donde habitan; consecuencias imposibles de prever, aún para seres casi todopoderosos.

Los líderes del Continnum, como semi dioses que son, no entienden como uno de ellos teniéndolo todo a su disposición, desee la muerte y mucho menos aceptan el pueril argumento, que desea dejar de existir, porque está cansado de vivir. Finalmente, el atormentado demandante de la muerte, logra suicidarse cuando pierde sus características extraterrestres y se convierte en mortal.
La Capitana Janeway (Kate Mulgrew Tuvok (Tim Russ) y dos Q (de Lancie y Graham ) deliberando en el Continuum en un proceso judicial donde se debe decidir si se le permite la muerte o no, a un ser inmortal
(Foto Wikipedia)

A lo largo de todo el episodio, no se trata otra cosa que el derecho a suicidarse (Ver Derechos Personalísimos). Los diálogos que realizan los protagonistas a favor de la inmolación o en contra del mismo son memorables y sin duda, extraídos de los más candentes debates morales de la actualidad sobre si es ético y moral, dejar morir con dignidad a aquel que ya no puede vivir más por sus propios medios sino tan solo sostenido por máquinas, o bien, cuando el dolor psicológico es insoportable y sin vistas de menguar. El episodio de Star Trek Voyaguer es también, un recordatorio de la famosa Paradoja de la Omnipotencia.

El ya fallecido premio Nobel de Literatura José Saramago defendió el derecho al suicidio según determinadas situaciones. A veces las buenas intenciones deben dar paso a lo inexorable y se tiene que permitir la muerte de aquel que ha decidido no vivir más, reclaman algunos. 
José Saramago (1922 - 2010)
Foto Internet


"Pobre Imbécil"
Se titula esta fotografía que alude a la posturia pro suicida de Saramago 
en el blog La Dura Realidad

Cabe destacar que el impedimento divino “no matarás” no se le da importancia en esta  serie la cual,  si bien  respeta creencias e ideologías, es atea o laica si se prefiere el término, en su formato; tema que si se trata en Battlestar Galáctica donde lo espiritual ocupa sitios de preferencias.

La sociedad de Star Trek si bien describe rituales y religiosidades diversas, no apoya la idea de un Dios todopoderoso como tutor del Cosmos, sino que presenta un multiuniverso poblado de criaturas que adoran o no, miles de dioses diversos y donde, la ciencia y la tecnología, son instrumentos eficaces para entender todos los secretos de la creación. Es el paraíso racional que soñaron muchos adoradores del mito del progreso científico constante.

En el film Blade Runner (Ridley Scott, 1982) el robot Roy Batty; diseñado por la Tyrell Corporation; solo puede vivir cuatro años. Este límite es como medida de seguridad por si acaso, algún día, los robots llamados Replicantes, deciden independizarse de sus creadores.
Cartelera cinematográfica de Blade Runner

Los diseñadores dotaron a estos replicantes o robots Nexus-6 -idénticos en apariencia al ser humano- de emociones: odio, amor, miedo, cólera, envidia y ambiciones tanto económicas, como políticas.

Para prever cualquier rebelión contra sus amos,  los equiparon con un dispositivo que impediría cualquier intento de emancipación. Limitaron la existencia operativa de los mismos, a solo cuatro años de vida, ni más ni menos. Pero esta limitación es la que impulsará precisamente a la rebelión de los replicantes quienes no desean morir sino vivir mucho más. Es de antología la escena donde Roy Batty, el robot líder de la insipiente insurgencia, se enfrenta a su creador, el poderoso magnate Eldon Tyrell, con el propósito de pedirle más tiempo para vivir.

Tyrell: Me sorprende que no hayas venido antes.

Roy: No es cosa fácil conocer a tu creador.

Tyrell: ¿Y qué puedo hacer yo por ti?

Roy: ¿Puede el creador reparar lo que ha hecho?

Tyrell: ¿Te gustaría ser modificado?

Roy: ¿Y quedarme aquí? Pensaba en algo más radical.

Tyrell: ¿Qué..., qué es lo que te preocupa?

Roy: La muerte.

Tyrell: ¿La muerte? Me temo que eso está fuera de mi jurisdicción, tú...

Roy: Yo quiero vivir más, padre. (En el texto original era Fucker, vocablo modificado después por los productores de la película por father).

Tyrell: La vida es así. Hacer una alteración en el desarrollo de un sistema orgánico de vida es fatal. Un programa codificado no puede ser revisado una vez establecido.

Roy: ¿Por qué no?

Tyrell: Porque al segundo día de incubación, cualquier célula que ha sido sometida a mutaciones de reversión alcanza unas pautas de retroceso, como las ratas que abandonan el barco, que va a hundirse, y luego el barco se hunde.

Roy: ¿Qué hay de la recombinación EMS?

Tyrell: Ya lo hemos intentado. El etil metano sulfonato es un agente alquilante y un poderoso mutante. Creaba un virus, tan letal que el individuo moría antes de que acabara la operación.

Roy: Entonces una proteína represora que bloquee las células operantes...

Tyrell: No impediría la duplicación. Pero eso llevaría a un error en la réplica que hace que la recién formada DNA lleve consigo una mutación. Y así llegamos de nuevo al virus. Pero esto sólo es teoría. Tú fuiste formado lo más perfectamente posible.

Roy: Pero no para durar.

Tyrell: La luz que brilla con el doble de intensidad dura la mitad de tiempo. Y tú has brillado con muchísima intensidad, Roy. Mírate. Eres el hijo pródigo. Eres todo un premio.

Roy: He hecho cosas malas.

Tyrell: Y también cosas extraordinarias. Goza de tu tiempo.

Roy: No haré nada por lo que el dios de la biomecánica me impida la entrada en su cielo.

A continuación, el robot mata a su creador precisamente, porque este se niega a darle más vida. Esta, por momentos intensa conversación, se parece mucho al diálogo interno que solemos tener con Dios cuando la muerte se nos aproxima. Frente a la posibilidad de dar el gran salto hacia lo desconocido, pedimos más vida.

Es lo que hizo el rey hebreo Ezequias (2 Reyes 20:1 -11) en su lecho de muerte y lo que sin duda también haremos nosotros cuando llegue el gran día de saltar, tal vez con menos suerte, puesto que nadie detendrá la tierra en nuestro favor y como prueba de la condonación de nuestra pena capital, rotándola en reversa a fin de que la sombra del reloj de Acaz retroceda diez grados. También ilustra el enojo que solemos tener cuando sufrimos pérdidas irreparables a veces inesperadamente.
Blade Runner
"Yo quiero vivir más, Padre"

Reflejos de la realidad

La ciencia ficción tanto en Blade Runner como en Galáctica, parece encararse con la cuestión de la brevedad de la vida y la búsqueda obsesiva de la perfección divina. Si Dios lo es, nos sugieren estas producciones del séptimo arte, deberíamos también serlo nosotros ¿por qué entonces, toda su creación se muestra imperfecta sin que el creador haga nada para remediarlo?

Sin dudas que estas cuestiones, la existencia del mal y de la brevedad de las vidas unidas a la aparente inactividad de Dios para re organizar su propia creación regresándola al estado de perfección perdida, están relacionadas. Sin el mal, la muerte no existiría, y sin muerte, la vida eterna esta garantizada. Una pregunta parece flotar en todas estas preguntas en formato cinematográfico: ¿Acaso la existencia del mal es demostración a posteriori de inexistencia divina? No de modo concluyente. La existencia del bien funciona, en este dilema, como recordatorio que las impresiones morales no determinan la existencia de seres divinos.

Los Cylones razonan de ese modo y actúan para remediar el error; han creado máquinas resucitadoras donde existen copias de sus cuerpos. Cuando uno de ellos muere, simplemente se descarga la conciencia –software- en la memoria de un cuerpo de repuesto. Con esto garantizan supervivencia e inmortalidad siempre y cuando se encuentre en las inmediaciones, una de estas máquinas.

En el film Star Trek (Robert Wise, 1979) una sonda de exploración Voyager después de vagar perdida por el cosmos topa con una civilización de entidades que son robots y computadoras con conciencia propia las cuales, apiadándose de ver una máquina inerme, crean un entorno repleto de equipos electrónicos a fin de darle vida propia.
Star Trek 
(1979) 
Tres naves Klingon entran en batalla con una entidad desconocida 
que más tarde se identifica con el nombre V'ger
o Voyaguer

Al tomar conciencia de su existencia, la sonda Voyager (bautizada por sus resucitadores, como Vyger egresa a su punto de partida a fin de averiguar todo cuanto sea posible sobre su origen y para fusionarse con quienes la crearon, la raza humana. Semejante unión -de producirse- destruiría la raza creadora.

Finalmente, la tripulación del Enterprise al mando de Kira evita tan feo destino para la humanidad, cuando un miembro de la tripulación acepta sacrificarse y unirse al visitante. Esta exigencia de la máquina que busca a su dios para unirse a él definitivamente, es lo que deseamos todos los cristianos. Ser uno con el Creador.

¿Fallas remediables?

Los seres humanos actuamos de modo parecido a las máquinas arriba mencionadas. Si bien tenemos tendencia hacia las malas intenciones, existen luces de alarmas en nuestro interior que obran como advertencias y sugieren la necesidad de levantar barreras que contenga la maldad. Somos capaces tanto de hacer bien como mal. Podemos entender en la mayoría de los casos, el alcance de nuestros actos, también lo bueno y lo que no lo es.

A igual que los robots que buscan a sus creadores para solicitarles beneficios, cuando intuimos la existencia de Dios (¿o se nos revela a nuestra conciencia?), comenzamos a buscarlo; pero los senderos de búsqueda a veces son enmarañados, llenos de trampas místicas, con senderos de teología y filosofía escarpados, enripiados de pesares y difíciles de transitar por tantas ciénagas existenciales donde burbujea el dolor como gas metano en aguas estancadas. Y frente a la verdad que nos dice que nuestros días son breves, le pedimos al Creador no solo más vida sino también inmortalidad, en ocasiones, a cambio de nada.

Muchos eruditos se preguntan si Dios mismo falló a propósito la creación de lo contrario, no se explican por qué habiendo sido el diablo un ser perfecto, acabó en el estado de enemistad permanente no solo contra Dios sino con todas sus criaturas y obra.

Para fortuna de los ateos, estos no tienen porque preocuparse de tales dilemas. Sus razonamientos y la lógica, les enseña que tanto Dios como el diablo no son sino, personificaciones de las buenas y las malas acciones de los hombres. Para el que no cree, la existencia de criaturas invisibles es simplemente, una obra de ciencia ficción.

Referencias
 
1. Entre 1978 y 1980 se emitió la primera serie protagonizada por Richard Hatch, Dirk Benedict, Lorne Greene y Noah Hathaway en otros. La segunda serie, se emitió 23  años más tarde y fue estelarizada por Edward James Olmos, Mary McDonnell, Katee Sackhoff, Jamie Bamber, James Callis, Tricia Helfer, y Grace Park.